lunes, 23 de junio de 2014

Tchaikovsky.


Hay una ilusión atrapada en 1812.
Un montón de sueños en la encimera.
Unos gramos de placer en la mirada
y la yema de nuestros dedos
en el límite de los que se rinden fácil,
el muro de los que dicen 
"queremos pero no podemos";
en el cielo.

Tanto tú
como yo
sabemos
sentimos
pensamos
olemos,
que no necesitamos límites.
Que tú y yo
juntos,
somos la delgada línea entre lo pulcro
y lo sombrío.

La delgada línea entre el mar
y las estrellas,
entre el bien y el mal,
entre ser jodidamente felices,
o con la tristeza en el pecho llorar
hasta el océano
de nuestros vacíos
inundar.


Pero aquí estamos
viendo cómo
cuánto
 y hasta dónde, 
aguantamos.

Siguiendo como pocos.

Rasgándonos el alma,
gritando como animales
que acaban de llegar al mundo,
que han perdido la calma.

Tratando de destruirlo
para crear uno nuevo.

Luchando por no resistirlo
si se puede lograr algo bueno. 

15 minutos 31 segundos.

Sabes que desde el minuto cuatro
tu corazón empieza a gemir
con una sonrisa de lado a lado.
Entonces yo,
que realmente no sé vivir 
sólo puedo mirarte
entrecerrar los ojos,
besarte,
jurarme que eso, 
es la felicidad,
volver a hablarte
sin palabras
de que juntos, 
somos paz.

Si Tchaikovsky nos viera
habría prohibido el uso
de lo que late bajo el pecho.

Habría restringido el sonido
de los tambores
entre lechos.

Aún así
entre redobles,
violines,
trompetas 
y cañones,
nos deshacemos 
para volver a nacer.

Nos quemamos en la hoguera de San Juan
para no volver a suceder.


De vez en cuando frenas,
me miras,
dices algo sin abrir los labios...

Yo afirmo cuidadosamente.

Entonces,
seguimos como aves rapaces
 besando el precipicio,
con la certeza de caer al barranco sin miedo,
saboreando el riesgo y su abismo.

Nunca un vals había sido tan bonito.
Nunca una orquesta había tenido mejor público.

A nosotros qué nos importa
si los tambores arden
o se acelera el tiempo.

Lo que pase fuera de estas cuatro paredes.

Que el mundo explote,
que el ser humano se termine de matar,
que la naturaleza llore,
llore la pobre,
una vez más. 

No necesitamos nada. 

Nada.
Nada más.

Ojalá fuera alguien
a explicarle a Miguel Ángel
que el arte,
está en ti y no en la escultura. 

Si te hubiera conocido él 
y no yo...
Si a primera vista
se hubiera enamorado él
y no yo...

Otras musas bailarían en los museos. 

Despierto en el minuto 13, segundo 51.
No estás. 

Continúa la música
y yo como una marioneta
de tu melodía única
prometo no echarte de menos
ir de tu mano hasta donde lleguemos.