miércoles, 30 de abril de 2014

Un, dos, tres...

Había una chica descomponiéndose en mi bañera.

Poco a poco y con el pelo rojo, iba dejando las partes de su cuerpo y alma que ya no quería volver a ver.

Cerraba los ojos y ¡chaf!, adiós tristeza.

Los abría y ¡chaf!, ya no existía el dolor.

Así pasito a pasito, dejaba al miedo en el pálido fondo. Tan en el fondo que ya no podría salir a flote. 

Adiós fobias. Adiós monstruos invisibles. Adiós tristeza. Adiós nostalgia. Adiós al pasado.

"No me arrepiento de nada, pero tampoco quiero volver a verlo" me dijo sonriendo.

Y al ver como salía del agua y secaba esos 46kg marcados por huesos e ilusiones, descubrí que ya no tenía miedo.

Dadle gracias a la lluvia de estos días, a sus besos y a poder escribir.
He empezado de cero; y qué guapa me veo con ello puesto.