domingo, 7 de julio de 2013

Anécdotas de domingo y otros dramas.

Muchas veces, el metro no es más que un sitio tenue en el cual un grupo de desconocidos pierden vida a tu lado. Unos trajeados, otras agotadas de aguantar un trabajo que les llena la cartera pero les vacía el corazón… También, viajan adolescentes riendo, cantando o discutiendo. Mayores de edad buscando sitio donde poder descansar los huesos. Días, en los que entran hombres de seguridad y reclaman un par de billetes. Tardes, en las que se cuelan artistas callejeros con instrumentos y palabras, mendigando un par de monedas. Noches, en las que el suelo se llena de alcohol y rostros muertos.
Sin duda, lo que diferenciaba este viaje, era la chica que se apoyó en la pared a mi lado.
Yo estaba leyendo Tokio Blues absorta totalmente del exterior. El libro acababa de caer en mis manos y como si se tratara de devorar la comida más dulce que pudiera pasar por mi paladar, me dejaba llevar por la descripción de Naoko, los árboles y el prado. Pero entonces, un ruido se filtró en mi pequeña burbuja separando mis ojos marrones de la tinta impresa en páginas de papel.
Escuché la respiración agitada de una persona que sin paz alguna, llora. El quejido de un ser humano que necesita desahogarse –y por motivos de la vida- se reprime. La primera fase de una crisis de ansiedad, quizás.
Miré a mi derecha y vi como lloraba la chica de ojos color abismo.
Era de piel mulata, llevaba el pelo recogido de una forma elegante y el maquillaje caía como un río por sus mejillas redondeadas. Era guapa incluso llorando de esa manera tan espantosa. Imaginaos lo bonita que era y lo bien que le quedaba el vestido de tela que portaba.
Las dos, teníamos delante a una niña rubia de unos doce años. Pálida como una estatua de mármol que con ojos grandes azulados, miraba salpicada por la tristeza, a la chica que se estaba deshaciendo ante nosotras.
Hubo un instante en el que sus pupilas se cruzaron. La pequeña estatua de Miguel Ángel sonrió, pero eso no fue suficiente y nuestra paciente, empezó a sollozar de forma precipitada.
Si os soy sincera, nunca antes había hablado con un desconocido por el motivo de verle llorar. Pero sé como se siente rodeado de personas en un momento de tristeza. No sé vosotros, pero yo cuando me he visto en esa situación, me he hallado increíblemente sola. Llorando en público y sin alguien que me abrazara. Todo un drama.
Pero voy a dejar de vomitaros anécdotas patéticas mías ya que el motivo de la historia no soy yo, y no, no la abracé. Aunque sí que busqué un clinex y escribí con letra cursiva:
“Si necesitas llorar, llora.
Suspira cada vez que el cuerpo te lo pida.
Pero recuerda, siempre hay que coger aire para volver a empezar de cero.
Hasta las torres más altas pueden hundirse, reconstrúyete”.

Tampoco supe qué hacer muy bien con el clinex.
La intención principal era dárselo pero, ¿quién cojones era yo para hablarle a una desconocida de vida? ¿Por qué tenía la estúpida idea de que ella sonreiría al leer eso?
Aún así, cuando el metro llegó a la parada “Las tablas” y observé como se  precipitaba hacia la puerta, no pude evitar agarrarla del brazo.
Ella se giró un poco asustada pero cordialmente, sonrió esperando mis palabras o petición. Extendí la mano y cuando tuvo mi carta, le devolví la sonrisa.
Tampoco sé explicaros muy bien cómo me sentí después de ese momento ni cómo se sintió ella. Solo puedo decirlos que cuando lo leyó, me tiró el papel a la cara y diciendo algo en un idioma desconocido, se bajó del vagón.
El resto de viajeros debieron entender mejor que yo lo sucedido.
Aunque si os soy sincera, todos permanecían impasibles a la situación. Con el mismo gesto de indiferencia que al verla llorar.
Sólo me miraba aquella niñita rubia y sonriendo, consiguió que me encontrara un poco mejor.
No sé si hice lo correcto o no. Tampoco sé si tendré el valor de volver a acercarme a alguien con la ilusión de una cría, en busca de una sonrisa. Quién sabe.
Lo único que sé a estas horas del día, es que el metro es un lugar extraño en el que un montón de desconocidos abandonan temporalmente sus sueños a cambio de luz y ruido.
Y que mi madre tenía razón -siempre- diciéndome:
No te acerques a desconocidos; por muy tranquilos que parezcan, quizás acabes metiéndote en problemas.

La conclusión, es que supongo que eso es lo que pasó entre tú y yo.
Nos conocimos en una situación extraña y sin duda alguna, no teníamos ni idea el uno del otro. Creo que por ese motivo nunca supimos abrazarnos con suficiente cordura para curar nuestras heridas.


jueves, 23 de mayo de 2013

Construyendo un texto y las bases de mi vida.


Escribo.
Borro.
Escribo.
Borro.
Escribo.
Borro.
(Y así sucesivamente).

Un párrafo hablando de mí, de lo mucho que me echo de menos.
Lo borro.

Un párrafo hablando de ti, de las ostias que te daría por insoportable, de las ganas que tengo de besarte, de abrazarnos, de decirte que te vayas, que te quedes, que te aclares: que me ames.
Lo borro.

Otro párrafo hablando de mí, de lo mucho que necesito escapar de aquí.
Yo no quiero vivir así.
No te quiero Madrid, nunca tuviste vistas al mar.
¿Qué te hace pensar que quiera estar a tu lado?
No quiero abrir la jaula de las ilusiones estudiando algo que no me llene.
No quiero ver escapar todos mis sueños.
No quiero eso.
No.
Yo necesito vivirlos. Necesito cambiar la situación, cambiar mi vida. Pero…
Lo borro.

Cojo aire para empezar a escribir éste nuevo párrafo. Vuelves a colarte en mí; como siempre.
Suspiro.  (Y eso que dije hace meses que no dejaría que desordenaras más mis sentimientos)
En este cacho de papel hablo de lo mucho que necesito que vayan bien las cosas entre tú y yo. De los momentos empapados de ternura que me has regalado. De los “te quiero” entre caricias escondidas en las sábanas. De esos crispies a las siete de la mañana en el césped viendo como nuestra ciudad amanece. De tu acelerón con el coche diciendo “Anita, ¿nos escapamos?” seguido de esa risa ronca que tan débil me hace. De lo arrepentida que me siento por no dejar que lo hiciéramos.
Lo borro.

Escribo un párrafo nuevo hablando del nudo de mi garganta. 
De lo rota que me deja Vetusta Morla y su nostalgia. De las dudas que ocupan cada rincón de mi vida. De los días raros en los que me entran ganas de gritarme “¡YA BASTA! ¡TIENES QUE EMPEZAR DE CERO!”
Pero de verdad.
Sola o acompañada.
Volver a retomar mi historia.
O mejor aún: Pasar de página, terminar el libro y empezar uno nuevo.
Aún así...

Lo borro.

Retumba el silencio mientras leo cada palabra.
Empiezo a llorar.

Borro las lágrimas.

Escribo un párrafo dejando claro lo que siento. Lo que necesito. Lo que me asfixia. Lo que me agota:
Te echo de menos.
A ti, la persona que eras antes.
Me echo de menos.
A mí, la chica que no he conseguido conocer aún. La niña que patalea en mi interior.
Lo borro.

Escribo un mensaje de texto en el que te digo lo que quiero que hagas:
Vete de mi vida y haz la tuya.
Lo envío.

-Silencio-

Tras perderme observando nubes por la ventana, me acuesto en la cama.
Techo blanco. Mente fría. Indiferencia. Rutina. Inseguridad. Vértigo.
El móvil vibra.
Un mensaje de texto con tu nombre en la cabecera:

Asómate a la ventana.
Te veo.
Sonríes.
Sonrío. 

Vuelvo a sentarme a escribir.

Comienza un párrafo en el que hablo de lo idiota que eres.
De lo poco que te aguanto.
De lo mucho que te necesito.
Lo guardo.

Otro párrafo hablando de mí.
De lo mucho que me quiero. De lo genial que es mi vida gracias a X personas. De lo difícil que podría ser todo y lo capaz que soy de encontrar un lado positivo a cada tristeza.
Escribo una vez más dos palabras que no quiero que se me olviden, subrayadas y a negrita:
Me quiero.
Lo guardo.

Y por esa manía mía de buscar una estética agradable, añado una frase final para terminar la entrada del blog que más tarde publicaré:

Introducción a una vida libre: 
Por muchas vueltas que de la vida, haz lo que quieras en el momento que lo necesites.
Márchate todas las veces que la mente te lo pida.
Escápate leyendo cada segundo que estés a solas.
Escribe como si el papel fuera la única salida para poder respirar.
Suspira los instantes que tus pulmones te lo pidan.
Perdona, no juzgues, olvida el pasado y aprovecha el presente.
Valórate.
Dile a los que tienes cerca que les quieres.

Lo guardo.

Añado en el pie de página un mensaje para mí misma; algo que no debo olvidar: 
Ana, a tu padre abrázalo cada día –por mucho orgullo que exista entre los dos- recuérdale lo mucho que valoras que siga vivo. Dile lo mucho que le quieres. Lo mucho que valoras que su salud siga echándole valor a la vida. 

A tu madre –que es la mejor persona que tienes- susúrrale lo mucho que le quieres cada mañana, cada noche. Agradécele todo lo que hace por ti. Todo lo que te aguanta. Todo lo que te cuida. Todo lo que te quiere.

A tus hermanos –los seis, sin excepción- trátales como se merece un hermano. Con amor, paciencia, comprensión y cariño.
Como dijo aquel al que quieres tanto “Un hermano –para bien o para mal- es algo que te dura toda la vida”. Aprovecha que les tienes y disfruta de su tiempo.

A tus sobrinostrátales como los hermanos pequeños que nunca tuviste.
Enséñales todo lo positivo que sabes, demuéstrales que la vida merece la pena, que el odio a nada lleva y que el amor es capaz de curar cualquier herida que roce el alma.


A tus amigasescúchalas. Compréndelas. No dejes que tus problemas sean sus preocupaciones. Habla de ellos: sí. Pero trata de solucionar y aconsejar los suyos.
No seas egoísta -que es algo que te cuesta muchísimo- y piensa en las demás personas.

Respecto el que te está esperando abajo… Deja que se equivoque todas las veces que lo necesite. Deja que aprenda. Que se sienta sólo después de haberte pedido que te vayas; sólo así notará lo mucho que le haces falta.
Deja que vuelva a tu vida todas las veces que tú quieras y necesites.
Al fin y al cabo, le amas. ¿No?

Así que, eh.
Sigue hacia delante. Nunca es tarde para empezar de cero.
(Tú acabas de hacerlo)
Coge aire y sonríe.
Es TU VIDA: aprovéchala.
Leo el texto final y con una sonrisa de lado a lado:
Lo guardo.

sábado, 20 de abril de 2013

Está decidido: Me marcho.

Es el momento de decir adiós.
Y tú, aunque no eres consciente, me has impulsado a tiritar estas palabras.
(Por eso escribo –sabiendo que no me vas a leer- despidiéndome de ti)

Me marcho.
De tu vida.
De lo que nunca fuimos.
De lo que soñé.
De lo que no hablamos.
Me escapo.
De tu juego.
De tus ojos marrones.
De tus labios.
De tu voz.
De los besos que no nos dimos.
De lo que pudimos llegar a ser.
Me rindo.
Sé que no estoy en tus planes.
Sé que amanezco pensando en ti mientras llamas a otra.
Sé que verte no supone más que un obstáculo.
Sé que habrá otro hombre que sepa deshacerme en una noche.
Sé que me acordaré de ti cuando le bese.

(Joder, vete…)
Respiro.
¿Por ti?
Por ti, ya no.
Por mí.
Porque me quiero.
Porque sé que merezco la pena.
¿Te olvidaré?
Difícil.
Pero eso no me impide huir de ti.
Que no me ates.
Que no me duelas.
Que no te quiera.
Eso necesito.
¿Es tu culpa?
No es de nadie.
Ni tú supiste conocerme, ni yo supe desnudar tu corazón.
Pero…
No quiero volver a buscarte en la agenda del móvil.
No quiero estar horas esperando una puta respuesta tuya del whatsapp.
No quiero estar detrás de ti.
No lo voy a hacer.
Está decidido: Me marcho.
Lejos. Donde sea.
Quizás donde siempre. Viviendo otra historia. Un nuevo camino.
Lejos. Donde quiera.
Allí donde nadie sepa romper la  delgada cuerda por la que me balanceo.
Allí donde nadie ocupe cada una de mis asfixias.
Allí donde este desequilibrio emocional sepa curarse.

¿Lo notas?
Te presento el nudo de la garganta que tú no tienes.
Las lágrimas que nunca has llorado.
Los escalofríos que no has sentido al verme.

...

Ya no volverás a mirarme con esos ojitos buscando dejarme sin palabras.
Ya no fijaré mis pupilas en tus labios con la necesidad de morderte.


“Pudimos ser eternos pero no llegamos ni a intentarlo”
Recuerda esas palabras.
Aquí lo tienes, te dedico mi último suspiro. 
Siéntelo.


Yo
ya
me
marcho,
adiós cariño

miércoles, 20 de marzo de 2013

La culpa fue del piano, lo juro.

El libro de poemas comienza con letra cursiva y tachones del poeta anónimo que escribió bajo los efectos del opio. Éstas son sus primeras palabras:

Poesía es verte tocar el piano desnudo.
Descubrir como tus dedos pasean cautelosos entre notas blancas y negras jugueteando con el silencio de la habitación.

Poesía es observar como tu rostro –agotado- varía dependiendo de la velocidad con la que desahogas la tristeza de tu corazón.

Poesía es tu cuerpo sin ropa respirando frente al instrumento que alimenta tu sonrisa.
Son tus labios susurrando una melodía aún no creada.

Poesía es tu voz ronca tarareando una canción que nace lentamente del ritmo que maneja la yema de tus dedos.
Es tu clavícula apareciendo y escondiéndose acompañada de la eterna sensualidad de tu piel.

Poesía son tus ojos recorriendo la habitación y encontrándome en un rincón, calmada, disfrutando del espectáculo que realizas con un par de trazos.
Es tu “te quiero” dicho en voz baja y apenas sonora.

(Quizás por miedo a que te escuche.
Quizás por temor a enamorarte.
Quizás por pánico al compromiso.
No sé)


La película se basa en dos personas compartiendo habitación.
El chico, toca apasionadamente el piano evadiéndose completamente del entorno que le rodea. (Desnudo)
La pequeña
, observa cómo el hombre que tiene enfrente se hace pedazos manchando todo de dolor.
Y aún así, cómo le atrae.
Piensa en levantarse, ocupar el espacio que nace entre sus brazos y perderse en la piel cálida que tiene ante sus ojitos tristes.
Él, más sexy que nunca, dibuja entre sus problemas un lívido velo que le separan del instante en el que las notas agudas resuenan por encima de la angustia reflejada en su mirada.


Menudo desastre.
Chica quiere chico.
Chico teme enamorarse.
Chica sufre.
Chico se marcha.
Chica pasa página.
Chico echa de menos a chica.
Y así siempre.

Dos personas meciéndose en la cuerda floja tejida por el amor.
Dos seres incapaces de expresar un "no te vayas" a tiempo.
Dos cuerpos rendidos al placer con fecha de caducidad.
No somos más que eso.

Pero... volviendo a la obra de teatro.
La actriz número 1 decide levantarse del sofá y aproximarse al actor número 2.
Ambos se miran y sin dejar de escuchar la melodía compuesta por el actor número 2, se besan.
Y de golpe, como si se tratara de la calma previa a una gran tormenta, nace la insonoridad completa en la sala.
El actor número 2, temblando, desabrocha la cremallera del vestido que cubre la piel de la actriz número 1.
Ella, con una sonrisa de femme fatale, comienza a trepar lentamente por el cuello del hombre que ésta noche ocupará hueco en su cama. (Pero no en su corazón)
Una vez desnuda y acurrucada en el suelo, el actor número 2 comienza a jugar con la presa cazada.
Ella rendida al placer:
Gime, ríe, calla, suspira.


¿Eres consciente?
Pudimos ser eternos pero no nos atrevimos.
¿Qué es lo que pasó entre tú y yo, cabrón?
¿A caso no querías amanecer con mis brazos enredados en tu pecho?
¿No decías que mi sonrisa era tu sonrisa?
¿No susurrabas que mis uñas en tu espalda eran poesía?
¿No asegurabas que tu lengua en mi piel era pincel sobre lienzo?
Fíjate, tanto arte escondido en nuestras manos y nosotros tan artistas sin talento.
¿Qué es lo que pasó?
Supongo que el problema es que quisimos no planear nada mientras el corazón ya estaba preparando las ilusiones que más tarde destrozaríamos.  

Puede ser.
Ya estamos en la última página del libro.
La portada es algo lejano, al igual que la emoción de comenzar algo nuevo.
Los personajes que te han acompañado a lo largo de la novela se desvanecen dejando una estela en la estantería de papeles favoritos.
Erik se despertó y Norae, seguía a su lado.

Tú sonríes al descubrir que la última frase del libro concluye en:

"-¿Te despertarás mañana a mi lado impidiendo que te eche de menos?
  -Acabarás echándome de más, aún así aquí me tienes. Seguiré a tu lado, idiota.
"

Se acaba el soneto.
Salen los créditos de la película. 

Se cierra el telón.

Termina el libro.

Fin.

martes, 12 de marzo de 2013

Ni París se puede comparar contigo, cariño.

Te escribo en silencio procurando que el resto de personas no descubran la relación que tenemos.
Susurro al papel con voz añiñada lo mucho que te quiero.
A ti. Tú que me abrazas las noches tristes regalándome un refugio de pasión.
A ti. Tú que gimes al pincel cuando suave, poco a poco, trepo por tu piel.
Llevo incontables días buscando tu aroma en los tiernos pliegues de las sábanas.
Pero te has vuelto a ir.
Au revoir mon coeur, regresa pronto.

Las vigilias a solas esperando tu llegada se hacen desidiosas, llenas de espinas, eternas.
Aún así no pierdo la esperanza.
Sé que cuando más asfixiada esté,
cuando más te necesite,
volverás.
Con esos labios invernales besando mis heridas.
Lamiendo las cicatrices causadas por el juego de caer siempre con la misma piedra.
Tú siempre vienes, cielo.
(Quizás por eso te amo tanto. Es probable que sea uno de los motivos para tener esta adicción a ti semejante a la dependencia del drogadicto con la cocaína. No sé).Siempre vago pagando al papel con un par de monosílabos a cambio de unos gramos más de tu ser.
Lo sé.
Es contradictorio este querer:
Te ansío pero sufro cuando no te llego a poseer.

Pero... En definitiva.
Gracias por llenar la caja de cartón que tengo por corazón de emociones.
Gracias por pintar el gris de mi rutina con tu poema cromático.
Gracias, Poesía.
Nunca me separaré de ti.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Nunca llega.



Necesito salir corriendo,
volver andando,
acercarme a ti despacio
y largarme cuando 
vea que el tiempo
me empieza a echar el lazo.
Qué porquería de pasado
y qué pasado quedó ya, 
sigo siendo el de siempre, 
pero no me quieres ver más.
Yo tampoco quiero verte,
puedes largarte 
y no volver aunque
necesites de mí. 

He sufrido por todo
y no
ha merecido
la pena,
he hablado
con paredes y han sabido
escuchar más y mejor
que cualquiera. 
El problema
es lo que no
llegué a decirte, 
lo que sí pensé
pero no solté jamás. 
Eso que me está
destrozando por dentro,
como que esas
piernas me tienen sediento
del agua que brota por ellas.
Dispuesto a todo
por amor
y a nada por odio,
dejémonos los labios. 
La mejor
venganza 
se llama perdón, 
la mejor 
sensación, 
paz interior, pero,
qué difícil queda cuando no soy yo.

A veces podría
haberte dicho 
y preferí callarme. 
Podría haberme ido
pero me dije que no, 
que mientras sigas conmigo,
seguiré también yo. 
Qué sabremos
de amor con el corazón
por estrenar,
que no entre nadie, 
no siendo que te arrepientas. 
Dime que no,
que prefieres olvidarme,
olvidarlo. 
Que prefieres
el pasado mucho antes 
que el presente, 
que lo de antes
fue importante 
pero lo que viene 
también va a afectarte. 
Me pides tanto
y qué poco me das.
Me das palabras, y yo
sólo quiero un beso tonto
que nunca me llega.




[Una vez más, le dejo espacio en el blog a Darío o @___RAGE , qué grande].

viernes, 1 de marzo de 2013

Amantes nocturnos, besos diarios.


Prefiero una cama antes que cualquiero otro sitio.
Eso sí, a ti dentro, que no me quede solito. 
Solísimo y el sol por la ventana, más sólo que la una.
Con una, pero sin nada. 

Y si quieres decir algo, escríbelo.
Si quieres gritar todo, grítalo.
Si quieres no hacer nada, hazlo. 
Si quieres llorar...
Vuelve a escribirlo. 

Voy sin causa y sin efecto.
Me duele el paso de todo pero no pasa nada nada, 
el tiempo jode, sobretodo el de sus besos lentos. 
Amantes nocturnos, besos diarios,
cama y calor de otros planetas,
labios desorbitados. 

Tus ganas sin venir y yo esperando 
que se llegue mañana, olvidando 
sin pensar y pensando en olvidar.
Con lo poco que me cuesta sufrir 
y lo mucho que lo hago por ti.
Con lo que cuesta pensarte y nadar en el lodo.
Con lo que me cuesta verte, y te veo en todos lados. 

Tú tan todo y yo tan yo. 
Tú tan zorra y yo tan tuyo.
Tú tan ahora y yo tan luego.
Tú tan hielo y yo tan fuego.
Tú tan calma y yo tan lento.

Lento lo que pasa y las verdades que nos queman,
que nos pasan por encima
y nos aplastan,
arrebatan el corazón y venden el alma.
Me ofreces todo y no das nada. 
No prometas hoy lo que puedas dejar de pensar mañana.
Aprende a todo pero no ejecutes nada.
Puede que te arrepientas de salir cuando veas la puerta cerrada. 


[Texto de @___RAGE , disfrutad] 

martes, 19 de febrero de 2013

Sobras de lo que me falta.


Me sobra corazón,
me faltan ganas.
Me sobra el desazón 
de perderme en tus sábanas.

Me pierdo por mí mismo, 
me encuentro cuando estoy contigo.
Encuentro lo que quiero
y quiero lo perdido.

Sólo pido noches eternas
de sábanas blancas,
besos con lengua 
y sus piernas enredadas
con éstas mías que se pierden
por buscar sus noches cada día.

Dice el ayer 
que no se acuerda 
del mañana,
que no olvides recordar
que no hay dama más mujer
que la que te quiere 
pero no te dice nada. 

[Palabras de  , amor hacia sus letras, ya sabéis.]

domingo, 17 de febrero de 2013

Tristura.

Vida,
dime:
¿Qué es lo que te pasa?
¿Por qué meces tu tristeza entre árboles
susurrándole al viento
que sólo somos un puñado de letras?
Vida,
dime:
¿Por qué lloras?
¿A caso Nostalgia puede con tus ojitos tristes
llenos de historias que hablan
de mariposas muertas?
Vida,
dime:
¿Ésto es una despedida?
¿Qué será de ti sin mí?
(Lo mismo)
Pero, cielo
dime:
¿Qué será de mí si no te tengo
los días de invierno
con sabor a Diciembre?
Vida,
dime:
¿Crees que Febrero se merece
que terminemos nuestra relación
así?
¿Entre gritos?
¿Reproches?
¿Mentiras?
¿Crees que el corazón se merece
tanto dolor y ésta gran ausencia
de cortisona?
¿No será mejor seguir firmes
echando un pulso al valor
hasta contar diez?
Vida,
dime:
¿Qué decides?
¿Te quedas a mi lado sufriendo
o
continúo a solas sintiendo
como se escapa todo de las manos?
Vamos, Débil
susurra:
¿Quieres pudrirte conmigo? 
¿Quieres convertir pétalos de rosas rojas
en cenizas desgastadas negras?
Venga Pequeña, no tengo todo el tiempo,
dispara:
¿Le confesarás a París que me escondía
en la piel de Tragedia
los lunes complicados?
¿Le escupirás a Poesía que estuve enamorada
de la mismísima Muerte
vestida de letras tristes?
Yo prometo no volver a engañarte,
de verdad, Vida.
Pero en cambio,
promete que no volverás a dolerme.
(Aunque sea sólo durante un tiempo) 

martes, 5 de febrero de 2013

Pequeña despedida: Au revoir.


He perdido las palabras
capaces de explicar
el vacío que me atrapa. 
"¿Qué es lo que te pasa, Ana?"
La solución es contestar: "Todo bien, nada"
Por no decir "no sé qué hago aquí,
me quiero ir,
ya poco me llama."

viernes, 11 de enero de 2013

Hoy te he llorado mucho pero.




Estoy balanceándome entre el frío de Enero
y el calor de tus recuerdos que
por mucho que lo intente, no alcanzo desprender de mí.
Dime qué tienen estos ojitos marrones que consiguieron enamorarte.
Vamos, dime qué tienen estas ojeras que lograron atraparte.
Aún sigo sin entenderlo.
Pero…
Ya no estás (a mi lado, abrazándome), entonces.
¿De qué me sirve escribirte?
Esta es la historia de la chica inocente que se deja conquistar por el guapo del instituto. (Pero después la rompe el corazón)
La historia del adolescente que lleva un ramo de flores en busca de compañera para el baile. (Pero al final se queda solo)
La historia de la golondrina que quiso volar alto. (Pero la encerraron en una jaula)
Un amor fugaz. De esos con olor a tierra húmeda y sabor celeste.
Te miré.
Me miraste.
Sonreíste.
Me giré tímida.
Volví a mirarte.
Me enamoré. Menudo desastre.

Siempre he sido partidaria de asegurar que la suerte no existe
y nosotros mismos somos los dueños de nuestro destino pero
lo reconozco, tuve mala suerte.
Ay.  Me enamoré de la muerte.
Y Ahora ¿?Qué.
Pensé el día que me decías “Vete”
mientras susurraba “deja que te roce, por favor”.
Cenizas. Están paseando por mi corazón mientras te escribo esto.
Las mariposas del estómago se convirtieron en cenizas. Te fuiste, fallecieron, fin.

A pesar de toda la muerte que te atrapaba,
ibas desprendiendo vida.
Sonriendo.
Quemando.
Sintiendo.
Soñando.
Sufriendo.
Intentábamos evadirnos de la realidad con un puñado de metas pero
ambos sabíamos que las escribimos en papel para que murieras feliz.
Quién iba a decírmelo. Yo llorando por las noches echándote de menos.
(Y eso que aún no te habías ido)
¿Sabes?
Nunca he querido a Madrid por su contaminación. 
Por mucho que lo intente, no me deja ver las estrellas  dibujadas por ti aquella tarde de verano mientras yo acariciaba con la yema de mis dedos tu pelito rubio.
¿Dónde estás?
Una y otra vez –a solas- tarareo la melodía compuesta
por las cuerdas desgastadas de tu vieja guitarra acústica gris.
Pero nunca vienes a hacerme los coros.
¿Aún me sigues queriendo?
Prometías triste que como la luz de las estrellas el amor no muere nunca.
Yo sigo queriéndote, recordándote, añorándote.
Una y otra vez. Pero.
¿Tú te has olvidado de mí?
Echo de menos cuando decías que todo iba a salir bien
porque desde que no estás
pocas cosas no se han torcido, cielo.

Siento ésta nostalgia que te regalo en cada hueco que hay entre palabra y emoción.
Siento escribirte de nuevo.
Pero si te soy sincera,
estos días fríos de Enero
te estoy echando mucho de menos.
Adiós pequeño valiente, descansa. Algún día volveremos a reírnos de los ángulos desiguales de la Osa Mayor juntos. Algún día. Lo prometo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Vamos a contar mentiras.

Digamos que el boli pesa. Que todo jode. Quema y este frío me abrasa la cara. Que la seda y la porcelana se miran con deseo pero nunca serán bien vistas sí caminan juntas, como esos dos. Chico y chica. Dolor y destrucción. No se complementan y ellos creen que si. Especulaciones. Como el frío y la lluvia. Como el fuego y las cenizas. Como el campo y el silencio. Como una fiesta y la diversión. Suelen ir unidos. Pero en realidad no. 
¿Delicadeza? tú rompiéndome en dos sobre mi cama, susurrándome las impurezas más bellas que existen. Por favor, sigue. Te suplico que no pares de romperme. Me encanta que me destroces, porque sólo tú sabes hacerlo bien. Paso de que me hagan heridas superficiales. Quiero que me jodas hasta el fondo. Eso es el amor de verdad o al menos pasión. Desquíciame. Sacude la sangre al espejo. O sácame fuera y pintemos sobre la nieve inocencia con ese líquido rojo. Hasta la última gota. Hasta el último aliento. Ni de coña chaval. No me mato por mí, por mi locura esquizofrénica lo voy a hacer por ti. Las locuras se hacen con el pelo, no con las venas. Dame gas, enciéndeme. Dilátame las pupilas. Que estos ojitos se vuelvan pequeñitos del sueño.

-Por favor seamos nada, he escuchado que dura para siempre-me dijiste.
Y yo calmada y con la mirada fija en un punto contesté:
 -Por favor, deja de mentirme. Los para siempre son cuentos chinos y las nadas acaban siendo algo, por mínimo que sea. Prefiero ser tu todo durante un tiempo indefinido aunque no sea eterno. Quiero nuestra fecha de caducidad. Es más, la exijo.


Y así es como olvido, asesinándome en la azotea con sobredosis de café y solos de piano. Pero eh, frena. Deja de desgarrarme. Respira. ¿Lo escuchas? El rojo bombea evadiéndose de la composición artística que hemos creado. ¿Lo sientes? Tu piel el lienzo, mis arañazos por tu espalda la pintura. Tu sonrisa la tinta. Mis labios en tu cuello los tonos empapados con locura y éxtasis. Vuelve a faltarme aire si se trata de ti. El café me deja un aroma a drama -el mismo que posee tu mirada- y las notas del piano no saben llenarme lo suficiente. No más que tú. No más que tu cuerpo rasgando el mío. Como si tratara de un vals entre marionetas. Como si fuéramos una balanza. Tú el amor. Yo el odio. Tú la positividad. Yo las ojeras. Bonito desastre el nuestro.

-Te echo de menos- Decía tu mensaje de madrugada.

Trece letras. Cuatro palabras. Dejaste mella en mí cuando menos lo esperaba, cabrón. (Cuando menos lo quería). No contesté. No llamé. Tú tampoco esperabas recibir nada a cambio… ¿Verdad? Hice como siempre; callar, disimular, terminarme el café y encender un poco de humo tiritando. Como si no pasara nada.
El frío de Diciembre danza por mis costillas. No quiere marcharse.
Y eso que Enero le ruega que es su momento. Pero nada.
Desvarío entre recuerdos. Tú y tus gemidos. Tú y tus mordiscos. Tú y tus dedos. Tus manos. Tu sonrisa. Tu piel erizada. Ay. Desaparece. Deja de empujarme a esta degradación en blanco y negro. Olvida la gama de grises que escondo entre labio y labio. Lárgate. El corazón comienza a difuminarse cuando los sentimientos susurran nostalgias de ti. Deja de convertirme en holograma. Déjame ser yo. Sal de mí.
Vete, cielo. No vuelvas.
Dicen que un clavo saca a otro clavo, también que el amor dura para siempre. Todo es mentira. Las palabras, los hechos, los recuerdos, las relaciones: todo quema, todo jode, todo hiela. Así que por favor, aléjate. Olvida que las canciones hablan de ti. Olvida que aquel banco tiene dibujado tu nombre. Olvida que las cartas que escribiste siguen oliendo a ti. Olvida todo. No aparezcas cuando pase por ahí. Cuando te escuche, cuando te vea, cuando te sienta. No aparezcas. No me duelas.
Deja que el bolígrafo me cure. Deja que el papel sangre por mí. Déjame ser libre.
Amor, sal de mí. Arráncame las mariposas del estómago y vete.
Ya no quiero saber de ti.


[Una vez más, el texto es con nuestra antigua N0stalgésica.    http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/ , amor para su blog.]