domingo, 16 de diciembre de 2012

Vuelvo a escribir entre desvaríos.

Tanto tiempo sin escribir que no sé ni cómo hacerlo. Mentira.
Los recuerdos golpean contra el asfalto y la magia–asustada con tanta ruina- se esconde entre las iniciales que hay dibujadas en el vaho de mi ventana.

La música no consuela.
El bolígrafo no consuela.
Patinar no consuela.
Llorar no consuela.
Y aunque lo intentes… tú tampoco ayudas.

Vuelvo a huir despreciando al resto.
Como decía aquel texto de yoquesé quién:

“El mundo es un asco, está lleno de personas”

No intentes entender el por qué de esta frase si no conoces el motivo de mis ojeras.
¿Realmente quieres saber qué pasa en estas cuatro paredes?
Estoy corriendo asustada ante el pasado. Pero el cabrón no frena y vuelve a dolerme.  A quemarme. A dejarme los ojos rojos y el alma tiritando.

Ay. Cómo dueles

Cómo duele.

Me cuesta comprender como en cuestión de cuatro años la vida de una persona puede acabar tan destrozada. Qué desastre de chica eh.
Y qué si suena exagerado para vuestros ignorantes ojos.
Sé por qué escribo, por culpa de quién y para quién.
-Aunque no lo vaya a leer-

Y si ya no puedo escribir... ¿Qué me queda?
Por muchas sonrisas que exhale, el vacío revienta mi interior y los suspiros empiezan a arañar el nudo de la garganta.

Ay. Cómo quemas.
Cómo quema.

El cielo acompaña mi estado anímico mientras Chernobyl es trending topic en mi mente.
Desde estas tristes ventanas no se ve París ni el ámbar de su sonrisa.
Tampoco resuenan las olas de Barcelona a lo lejos.
¿Qué cojones pasa?
¿Qué tiene Madrid que me satisface y asfixia con tan sólo pestañear?

...

Estoy perdiendo el norte, aunque si es cuestión de confesar hace un par de tic-tac's escondí la brújula bajo candado y tiré la llave al río de la cordura.
Quién quiere orden pudiendo enamorarse de un bonito caos.
Quién quiere pureza pudiendo encontrar alguien que decida lamer tus heridas.

Ay. Desvarío a centímetros de tu boca.
Desvarío.

Creo que es momento de empezar de cero una vez más, levantarse por [inserta aquí el número de veces que has perdido tus sueños en una caida] y decirle a la tristeza que aún quedan niñas valientes.

Pero. Yo no. Lo siento.
No puedo ser quién le susurre eso.
Deja de leerme. Deja de intentar comprender lo que sangro aquí.
Por favor, vete. Apaga la luz, túmbate a mi lado y abrázame.
Quizás el tiempo me ayude y reconstruya.
Quizás tu compañía me cure.
Quizás vuelva a nacer mañana con una sonrisa y el pasado olvidado.
Quizás... Yo que sé. 

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