miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tan similar, que asusta.

Momentos de inspiración en los que el boli parece que trota sobre el folio, que vuela, y que tus manos sudan, las palabras se tropiezan unas con otras mientras en el final de cada una está presente tu nombre. Como ese escalofrío que no esperas, como esa llamada que no llega, como esos recuerdos que no se borran y esas cicatrices que en lugar de curarse cada vez se abren más.
A veces pararse frente al problema e intentar resolverlo dista mucho de quienes esperan que se solucione sólo. Por eso... las heridas no se curan solas.
Tocarlas y toquetearlas como sí nada. Y tú vuelves a aparecer en cada pellejo muerto. En cada suspiro y aliento. En esbozos y en la inercia de mi esencia.
Rimar nunca supe, al igual que tú nunca supiste quererme sin herirme.
Ay,
cómo dueles.
Intento disimular este vacío que escondo entre pecho y costillas, pero nada.
Sigue latiendo, sigue quemando. El corazón se mueve por pura monotonía y el gris de tus secuelas golpea los cristales de mi ventana. Intento olvidarte. Sólo lo intento.
El papel pregunta que por qué me estanco en el pasado. No soy capaz de contestar.
Un nombre, una imagen, un sentimiento. Tú. Las mismas dudas de siempre.
“¿Por qué no estás aquí?” Lo único que recibo es el eco de los recuerdos y el curso de tus besos resonando por mi piel.
Vuelven a encharcarse los pulmones de suspiros mientras Venecia se refleja en mi mirada.
La tristeza me recuerda que el arte nace del dolor y yo, cansada y con ojeras, decido evadirme en un folio en blanco. A lo mejor consigo reconstruir un poco de ruina. O puede que termine rota una vez más.
Quién sabe…  

[Texto escrito la señorita n0stalgésica...  http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/?m=1
 ]

No hay comentarios:

Publicar un comentario