sábado, 10 de noviembre de 2012

Respirando vértigo.





































Subo cada escalón apagada por el miedo.
La angustia presiona mi respiración. El cansancio lucha con mis piernas.
La vida ha hecho de las suyas en estos delgados tobillos que, tras tanta pelea con el corazón, están agotados de caer y levantarse. Aun así, continúo.
Lleno mi pecho de oxígeno contaminado, cierro los ojos y entonces…

Amanezco apoyada en tu pecho.
Tus latidos transmiten la tranquilidad que vuela en el ambiente. Las motas de polvo entran por la ventana poco a poco. Frágiles. Lentas. Como si se tratara de un vals apasionado con la magia. Como si fueran a marcar ese instante en mi historia.
Mis ojos –
quemados por el placer- pasean por tu piel y perdiéndome en tus poros, susurro:
“Buenos días, cielo…”
Te beso pestañeando sigilosamente y cuando abro los ojos…
Estoy en el punto más alto.

Hace frío y mis mejillas pálidas se enrojecen con el contacto otoñal.
Vuelvo a estar a solas entre el metal.
Miro hacia la izquierda, silencio. Vacío. Soledad.
Miro hacia la derecha, calma. Blanco. Tranquilidad.
Una mezcla entre pánico y paz golpea mis costillas de cartón.
No sé qué hacer.

Muerdes mi oreja bromeando y con los ojos entrecerrados por el contraste de luz, sonríes.
Apenas establecemos una conversación. No lo necesitamos.
La yema de tus dedos acaricia mi espalda y me dejo llevar por la felicidad que me llama.
Mi lengua te enciende una vez más.
Cauteloso, el reloj marca las 11:11.
Me miras ilusionado y gritas: ¡Pide un deseo!

Otoño me despierta y descubro mi ruina. Mis miedos. Mis dudas.
La inestabilidad emocional dice que qué me pasa, que no sufra.
Recuerdo la imagen del reloj digital atascado en ese encanto y…
Quizás el único deseo sea no respirar el vértigo que me produce la idea de perderte.
Nada más. 



[Fotografía de...  http://www.flickr.com/photos/fotopixel600mg ]

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