miércoles, 28 de noviembre de 2012

Lo escondido en los rincones del piano.


Comienzo a deslizar mis dedos débiles por las embriagadoras notas del piano y como si se tratara de leer en braille, cierro los ojos y me dejo llevar.
Cada agudo que descubro es un pinchazo entre costillas y corazón. Allí, donde se esconden los sentimientos que somos incapaces de susurrar. Allí, donde la magia baila un vals desacompasado con la nostalgia.
Salto frágil de grave en grave y sonriendo ante los estruendos que escupe, percibo como se escapa de mi cuerpo -construido a base de cartón- la negatividad que me atrapa, la rutina, el fracaso, la muerte que inagotable me persigue.

Cansada de luchar con el mismo ritmo, sin fuerzas por vivir encerrada en la misma partitura: Rompo el folio.
Es hora de pasar página y seguir adelante.
Otra música, otra persona, otro tiempo verbal, otra inestabilidad. Mi vida.

Coloco las nuevas notas que conducen mi destino e ignorando la tristeza que me corrompe, me dejo llevar una vez más por la magia que se esconde en un pequeño trozo de madera.

Este piano es capaz de hacer lo que tú no conseguiste.
Su música, el arte que posee… Es capaz de darme las fuerzas que te llevaste.

Gracias por desaparecer, por demostrarme que otros pueden recomponer el vacío que me tú creaste en mi ruina.

Las palabras golpean mi cerebro pidiendo auxilio, pidiendo escapar. Me ataladran, al igual que las notas de este piano. Pero he aprendido a vivir con ello. Con el ruido interno. Neuronas fracturándose, como los huesos.
La belleza de la noche es la que me espera cada madrugada y me mira de frente, me sostiene la mirada. Pero siempre pierdo. Demasiada fuerza, demasiado dolor en estos ojos miel.

Ritmos, latidos, acordes  complicidad, sinfonías, oscuridad, el universo en unas ojeras maravillosas. Supongo que aunque ahora este rompiendo cada carta. Cada cosa que te pertenezca. Siempre estarás. Por mucho que intenté borrar.

El tiempo hace el olvido, y sólo quiero que el tiempo me suelte y me hago tuya. Me entregué al viento y me desvirgue. Porque aún no he conocido la felicidad por primer vez.

Oscuridad que llena cada uno de mis huequecitos, que me mantiene. Que me hace buscarte. Aunque se cual será el resultado.
Un futuro inquietante, me espera. Un pasado que sólo Jode y que intento olvidar a toda costa pero mi gris interno y mi mala memoria me vuelven a jugar una mala pasada.

Un libro nuevo, en el que quiero que todos los capítulos sean igual que el anterior y poder reescribir donde todo fallo. Escribir la historia de nuevo y hacerlo todo perfecto. Como una nana. Como un vals.

Líneas que quiero que leas y cuando lo hagas las quemes, como si no te hubiesen llegado nunca. Baja la tapa del piano. Y ve hacia la puerta, encájala por favor, (manías que tiene una), y cierra con llave.

Y un último favor... tírala.

(O mejor no. Yo no lo haría)

Así podrás volver cuando menos lo espere. Vida sin ti, es como sí la rima no fuese bonita. Como sí mis largos dedos se tropezasen por cada tecla. Como sí escribir te sustituyese (quizás por eso pasó tanto tiempo atada al folio.)

Por último, coge el mechero. Fuma un cigarro, recordando el primero que fumamos juntos y no mires hacia atrás.

Fuimos grandes y como todas las épocas de esplendor, llega una época de crisis... que desgraciadamente pudo con nuestra resistencia. Hoy queda lo que fuimos.

Sólo soy lo que fuimos, mezclada con ojeras, cucharillas moviendo el café y bolis bics destrozando cualquier cosa que se le parezca a un papel.

Segundas partes nunca fueron buenas, ni tampoco repeticiones. (Depende del caso.)

Baja la persiana, quedan aún huequitos por los que se cuela la luz, abre las mantas y resguárdate del frío y de las miradas cálidas que prometan realidades demasiado bonitas.



[Texto escrito con la gran Nostalgésica: http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/?m=1 ]

lunes, 26 de noviembre de 2012

Nuestra gran depresión.


'La publicidad nos hace desear coches y ropas.
Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos.

Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos.
No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. 
Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida.
No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos.No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones. Somos la mierda cantante y danzante del mundo...

Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock... Pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta. Y estamos muy, muy cabreados.'


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tan similar, que asusta.

Momentos de inspiración en los que el boli parece que trota sobre el folio, que vuela, y que tus manos sudan, las palabras se tropiezan unas con otras mientras en el final de cada una está presente tu nombre. Como ese escalofrío que no esperas, como esa llamada que no llega, como esos recuerdos que no se borran y esas cicatrices que en lugar de curarse cada vez se abren más.
A veces pararse frente al problema e intentar resolverlo dista mucho de quienes esperan que se solucione sólo. Por eso... las heridas no se curan solas.
Tocarlas y toquetearlas como sí nada. Y tú vuelves a aparecer en cada pellejo muerto. En cada suspiro y aliento. En esbozos y en la inercia de mi esencia.
Rimar nunca supe, al igual que tú nunca supiste quererme sin herirme.
Ay,
cómo dueles.
Intento disimular este vacío que escondo entre pecho y costillas, pero nada.
Sigue latiendo, sigue quemando. El corazón se mueve por pura monotonía y el gris de tus secuelas golpea los cristales de mi ventana. Intento olvidarte. Sólo lo intento.
El papel pregunta que por qué me estanco en el pasado. No soy capaz de contestar.
Un nombre, una imagen, un sentimiento. Tú. Las mismas dudas de siempre.
“¿Por qué no estás aquí?” Lo único que recibo es el eco de los recuerdos y el curso de tus besos resonando por mi piel.
Vuelven a encharcarse los pulmones de suspiros mientras Venecia se refleja en mi mirada.
La tristeza me recuerda que el arte nace del dolor y yo, cansada y con ojeras, decido evadirme en un folio en blanco. A lo mejor consigo reconstruir un poco de ruina. O puede que termine rota una vez más.
Quién sabe…  

[Texto escrito la señorita n0stalgésica...  http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/?m=1
 ]

martes, 20 de noviembre de 2012

Nudos de la garganta y otros dramas.


Poco importa la hora que marque el reloj.
Todo es indiferente en esta habitación.
Incluso esa chica que se refleja tímida en el espejo.
Todo.
Se han esfumado los sentimientos.
Se ha suicidado el amor.

Sólo resuena el silencio.

-

La gama de grises gime tras la ventana llena de nostalgia.
Una ciudad descansa mientras otras personas mueren por insomnio.
La chica de las ojeras camina nerviosa por la habitación. Mira de vez en cuando el asfixiante tic-tac en la esfera y ante cualquier crujido gira la mirada en busca de paz, tranquilidad… algo.
El sol nace en una tenue esquina y desdibujándose permite a las nubes mostrar sus texturas.
La chica de los dramas comienza a llorar sin apenas respirar. Da patadas. Golpea con sus pequeños puños la pared.
Pero… no obtiene respuesta.

-

Pasan las horas y un cuerpo formado por huesos de cartón yace inmóvil en el suelo.
Nadie acude en su ayuda.
Ninguna persona lo reclama.
No hay labios que la echen de menos.

-

El jefe de comisaría con aspecto lúgubre suspira agotado. El fuerte olor a deshumanización se filtra en sus pulmones y reprime una arcada saliendo de la habitación.
El cuarto permanece a oscuras. En el centro observamos a un grupo de forenses realizando pruebas, reprimiendo tristeza.
Uno del grupo, quitándose la mascarilla, se aproxima a su superior.
En su rostro saboreamos el impacto de la noticia el sobrecogimiento de su corazón.
Se apoya en la puerta del pasillo temblando, aún así disimula.
-¿Todo bien?
Le pregunta su jefe dubitativo.

El forense asiente sin recordar que puede usar palabras para expresarse.
El impacto es tal que decide no moverse del sitio.
-¿Por qué murió?
Inquiere su superior.

Revive la escena en su mente afectada por los dramas. Y ahí está ella.
Dieciséis años de edad. Morena. Ojos verdes.
Toda una belleza.
Pero… muerta.

-¿Qué has dicho? Disculpa.
Traza una mueca tratando sonreír.

-¿Por qué murió?
-Se asfixió con las palabras que nunca dijo.


[...] 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Cumplir años y sueños.

'Lo que quería decir era algo así como...
De tanto pasar la vida soñando,
al final los sueños deberían llegar a la vida,
y tal vez el único sueño sea...
...que no hiciera falta soñar más.'

sábado, 10 de noviembre de 2012

Respirando vértigo.





































Subo cada escalón apagada por el miedo.
La angustia presiona mi respiración. El cansancio lucha con mis piernas.
La vida ha hecho de las suyas en estos delgados tobillos que, tras tanta pelea con el corazón, están agotados de caer y levantarse. Aun así, continúo.
Lleno mi pecho de oxígeno contaminado, cierro los ojos y entonces…

Amanezco apoyada en tu pecho.
Tus latidos transmiten la tranquilidad que vuela en el ambiente. Las motas de polvo entran por la ventana poco a poco. Frágiles. Lentas. Como si se tratara de un vals apasionado con la magia. Como si fueran a marcar ese instante en mi historia.
Mis ojos –
quemados por el placer- pasean por tu piel y perdiéndome en tus poros, susurro:
“Buenos días, cielo…”
Te beso pestañeando sigilosamente y cuando abro los ojos…
Estoy en el punto más alto.

Hace frío y mis mejillas pálidas se enrojecen con el contacto otoñal.
Vuelvo a estar a solas entre el metal.
Miro hacia la izquierda, silencio. Vacío. Soledad.
Miro hacia la derecha, calma. Blanco. Tranquilidad.
Una mezcla entre pánico y paz golpea mis costillas de cartón.
No sé qué hacer.

Muerdes mi oreja bromeando y con los ojos entrecerrados por el contraste de luz, sonríes.
Apenas establecemos una conversación. No lo necesitamos.
La yema de tus dedos acaricia mi espalda y me dejo llevar por la felicidad que me llama.
Mi lengua te enciende una vez más.
Cauteloso, el reloj marca las 11:11.
Me miras ilusionado y gritas: ¡Pide un deseo!

Otoño me despierta y descubro mi ruina. Mis miedos. Mis dudas.
La inestabilidad emocional dice que qué me pasa, que no sufra.
Recuerdo la imagen del reloj digital atascado en ese encanto y…
Quizás el único deseo sea no respirar el vértigo que me produce la idea de perderte.
Nada más. 



[Fotografía de...  http://www.flickr.com/photos/fotopixel600mg ]

jueves, 8 de noviembre de 2012

Aviso: no prometo nada bonito ni un final feliz.

La necesidad agonizando tras la puerta y los suspiros arañando los cristales. Ese es el resumen de la situación. Vamos a profundizar. 
La habitación permanece en silencio, la calma reina en las cuatro paredes y solo ilumina el desastre una frágil ténue luz procedente de la persiana. 
El naranja crea sombras en el rostro pálido que yace en la cama. Aparentemente podemos pensar que no tiene vida, que su espíritu se ha marchado. Pero su respiración fantasmal se deja ver continuada de un vals de lágrimas por las mejillas. Todo un espectáculo. 
La chica de no más de dieciocho años tiembla con las manos manchadas de sangre. El pelo moreno le acaricia los hombros desnudos. Sus piernas frágiles insinuan la falta de compañía. Suspira. 
Tras la puerta el segundo no es menos caótico: 
Un hombre de mediana edad - 47 años- rompe la insonoridad golpeando la madera de la puerta. 
Hombre: ¡Sal de ahí hija de puta! 
No obtiene respuesta y el cabreo se refleja aún más en esa vena de la frente que tiene pinta de estallar.
Lleva puesta una camisa -arrugada y desabotonada- inundada de rojo y unos pantalones hechos jirones. 
El odio fluye por sus pupilas y lleno de impaciencia comienza a luchar con la puerta. El sudor cae por su asquerosa calva y con la voz ronca patalea como un niño de siete años. 
En el salón el drama brilla por sí mismo. Un cuerpo intenta seguir con vida entre asfixia y miedo. 
El joven de veinte años jadea apretándose la herida del vientre. La vida le va en ello. De sus ojos azules caen gotas de ansiedad y musita un nombre, incomprensible para nuestros oídos, repetidas veces. Quizás llame a su madre en busca de consuelo. Quizás susurre a su chica que le salve. Quizás le pida a Dios que le mate. Quién sabe. 
Le quedan pocos minutos para desmayarse y si en cuestión de horas no recibe atención médica, morirá. 
Entras en la casa y lo primero que observas es a una persona totalmente desquiciada tratando derribar una puerta. 
Miras a tu derecha en busca de ayuda y descubres tristemente a un chico agonizando que te mira lleno de pánico. Caminas hacia la cocina y por la ventana observas como una niña sentada en el umbral de la ventana gime ante el vértigo. No sabes qué hacer. No sabes cómo huir y entonces... 
El juego del mar en tus pies te produce un cosquilleo. Solo era una pesadilla. Un pedazo de recuerdos que te tatuan quién eres y que te explican porqué llevas ese pijama del hospital psiquiátrico de Portugal. 
Tras horas naufragando en una barca inchable apareces en una costa que ni tú mismo sabes a qué parte del mapa pertenece. 
Eres esa chica de huesos pequeños que se tiró asustada por la ventana. No, espera, mejor. 
Eres ese joven de veinte años que casi muere desangrándose en el parqué. 
¡Joder! Mejor aún. Eres el hijo de puta que no aceptaba la relación de su niña con aquel traficante que perdiste el rumbo aquella noche. ¡Eso es! 
Acabas de escapar del sitio que te encerraron porque no estabas mentalmente equilibrado. Ay, quién te manda a ti hacer eso. Con lo feliz que eras drogándote y bebiendo en casa hasta las tantas. Pero... ¿esto es lo que querías? 
Siguiente escena: 
El hombre calvo y gordo de ya 50 años -mentalmente trastornado- contiene la respiración notando como el peso de una roca le arrastra mar adentro. 
El océano azulado tiñe de tristeza la toma y en su rostro podemos observar una vida mal labrada. 
La siguiente escena es una pequeña captación de unos niños jugando en la orilla.
Ignorando lo sucedido.

Comenzando su frágil historia.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Por vosotros.


Supongo que la necesidad de escribir gana una vez más a la obligación de estudiar.
Ay Papá, no te enfades, prometo que sacaré buenas notas. O buenos textos.
Quién sabe.
Las personas que estáis leyendo esta entrada sois las mismas de siempre.
Puede que alguna mirada curiosa detenga por un segundo el iris ante la pantalla y observe cada palabra que digo. Quizás me lea alguien con una sonrisa de lado a lado –ojalá- y sienta este puñado de letras. No sé.
Esta es una de esas pocas veces que comienzo a escribir y ni yo misma sé lo que voy a sangrar ante el papel. Pero sin duda, va por vosotros, pequeños seguidores.  
Por ti, que siempre me apoyaste diciendo que siguiera escribiendo.
No, ¡mejor! Por ti, por recordarme lo mucho que disfrutas con las fugaces historias que narro. O mejor aún, por ti. Por sacarme una sonrisa con cada palabra de ánimo. Por darme fuerzas para decidir que este va a ser mi futuro. Que quiero ser arte.
Solo te pido una cosa a cambio de este regalo de noviembre: Siente.

... 

Es una cálida mañana en la cual la temperatura es perfecta para detenerse a observar el brillo de las nubes mas un poco fría para congelar el tiempo con una caricia entre boca y boca en un banco. Los niños corretean saboreando los pocos minutos que les quedan antes de comenzar las clases mientras los coches dibujan distintas posibilidades en las carreteras de Madrid.
Camino frágil inmersa en la multitud y olvidando que es lunes, me dejo salpicar por el arte que encuentro en cada detalle que esconde la vida.
Aquel chico que desvía la mirada en la parada de autobús, hoy le va a confesar a la madre de sus futuros hijos que está enamorado de ella. Que lleva demasiados meses conteniendo sus emociones por miedo a estropear la amistad.
Esa chica con la nariz enrojecida por el frío, ha comenzado su historia diciéndole a la del espejo que se quiere. Que ya es hora de olvidar el dolor y comenzar a sonreír.
Y fíjate qué bien le sienta haberse vestido con esos ánimos. Lo preciosa que está.
El hombre del kiosko ha decidido seguir adelante. Hace un par de años perdió a la mujer que le hacía latir y por fin, coge fuerzas y se levanta. Porque a pesar de la tristeza que nos acompaña el día a día puede ser algo especial, distinto, único.
Continúo caminando y deteniéndome ante mi imagen reflejada en un cristal, suspiro.
El tiempo que he perdido se me acumula en las ojeras. Qué pena, ¿verdad?
La vida es breve y nosotros nos empeñamos en gastar nuestras horas echando de menos, recordando, sufriendo, abrazando al dolor, llorando, ahogándonos, gritando, enfadándonos… Y todo ¿para qué?
Ay. Me duele decirlo. Pero dentro de unos años, estaremos todos bajo tierra.
Qué difícil aceptar la idea y qué poco hacemos para cambiar nuestro destino eh.
Risto Mejide dice que prometer es mentirle al destino. Y yo hoy, en este frío día de noviembre, te propongo algo.
¿Y si prometemos que vamos a aprovechar cada segundo?
¿Y si prometemos que vamos a querernos día a día?
¿Y si prometemos que vamos a conseguir cada sueño que pase por nuestra cabeza?
Y por último, y no menos importante…
¿Y si prometemos que vamos a darle sentido a todo esto?

Guardo la nota en el borrador de textos de mi móvil y sonriendo ante lo escrito, me enfrento al lunes. A la rutina. A los exámenes. Al no poder más. A no dar la talla. A no gustar. A los complejos. A las dudas... Porque yo puedo.
Voy a engañar al destino.
Es el momento de ser feliz. De llegar lejos.
De brillar. De ser el cambio. De dejar huella en el mundo.



... 

"Queda prohibido llorar sin aprender 
levantarse un día sin saber que hacer, 
tener miedo a tus recuerdos. 

Queda prohibido no sonreír a los problemas, 
no luchar por lo que quieres, 
abandonarlo todo por miedo, 
no convertir en realidad tus sueños. 

Queda prohibido no demostrar tu amor, 
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor, 
queda prohibido dejar a tus amigos, 
no intentar comprender lo que vivieron juntos, 
llamarles solo cuando los necesitas. 

Queda prohibido no ser tú ante la gente, 
fingir ante las personas que no te importan, 
hacerte el gracioso para que te recuerden, 
olvidar a toda la gente que te quiere. 

Queda prohibido no hacer las cosas por tí mismo, 
tener miedo a la vida y sus compromisos, 
no vivir cada día como si fuera el último suspiro. 

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte, 
olvidar sus ojos, su risa, todo, 
porque sus caminos han dejado de abrazarse, 
olvidar tu pasado y pagarlo con tu presente. 

Queda prohibido no intentar comprender a las personas, 
pensar que sus vidas valen más que la tuya, 
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha. 

Queda prohibido no crear tu historia, 
dejar de dar las gracias por tu vida, 
no tener un momento para la gente que te necesita, 
no comprender que lo que la vida te da también te lo quita. 

Queda prohibido no buscar tu felicidad, 
no vivir tu vida con una actitud positiva, 
no pensar en que podemos ser mejores, 
no sentir que sin ti este mundo no sería igual. "

[Pablo Neruda]