sábado, 4 de agosto de 2012

Sacarte de aquí.

Iré a esas cuatro paredes que te comen y te sacaré de allí
No dejaré que nadie se meta en nuestro camino, en nuestras metas, en nuestras ansias de escapar de este caos. Y te sacaré de allí.
Probablemente nos llamarán locos, nos dirán que estamos echando a perder nuestras vidas... Pero tú y yo sabemos que eso no importa. Cuando lleguemos a mi casa habrás descubierto que tengo una maleta con ropa tuya y que la mía está de camino al aeropuerto. Te diré con una sonrisa que es momento de disfrutar y tú, con esa cara de bobo, dirás algo como 'Madre mía esto promete'. 

Terminarás tu típico cigarro y nos pondremos en marcha a cualquier playa alejada de la humanidad.
Los dos solos

La primera condición del viaje será sencilla: Nada de relojes, nada de horarios, nada de compromiso. 
Nuestra banda sonora se basará en la manecilla de tus latidos, en el 'tic' de tu sonrisa, en el 'tac' de tu mirada. Y así hasta volvernos locos de amor sin saber en qué día vivimos. 

La segunda condición del viaje será un poco más complicada: Nada de ordenadores, de comunicación, de dependencia. 
Serán nuestros pequeños días aislados del mundo. Solos. ¿Por qué vamos a estropearlo dependiendo de nadie? Solo por una vez: hagamos lo que el corazón nos pide.
La tercera condición está bañada en mis caprichos: Promete que vas a disfrutar de cada segundo. 
Te parecerá absurdo tener que hacer algo así, pero mi mirada de niña tiene miedo a cualquier duda tuya y lo único que busco es seguir en tu día a día. 

Dormiremos en un colchón de matrimonio. ¿Te acuerdas de nuestra noche? Esta será igual, solo que con el sonido de las olas llamándonos desde la lejanía. Como no me gusta mentir, te lo confieso, no será ni parecida. 
Dejaremos que la madrugada sea nuestra única ropa y saborearemos cada sentimiento bañado en magia. Nuestra magia. Lo demás ya puedes imaginártelo tú solito.
Después de disfrutar por la noche, bajaremos a la playa y acariciaremos al amanecer desde la arena, entre nuestra felicidad... Y así hasta volvernos ciegos de placer sin saber quiénes somos

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