lunes, 13 de agosto de 2012

Podría llamarlo amor, pero estaría mintiendo.

Son las cuatro y media de la mañana y aquí estoy, recomponiendo el rímel de mi rostro, esperando a que llegue ese viejo amigo a alegrarme mi pequeña existencia.
Si es cuestión de confesar, la soledad ha estado jugueteando con mi corazón estos días y lo único que queda de mí es un puñado de ilusiones rotas. Nada más.
Disimulo toda esta tristeza con un poco de maquillaje y pinto una sonrisa rojo atardecer en mis labios. Todo apariencias.
Dejo que entre y noto como mi ceñido vestido palabra de honor ha conseguido captar su atención.
Primer paso cumplido.
Una conversación en la que abundan nervios entre cortados flota en la atmósfera y abriendo una botella de Vodka, resucito la tenue magia que queda. Estamos demasiado cerca pero aún así no termino de acariciar sus labios. Paseo mis piernas –que terminan en unos tacones de 12cm- por encima de sus rodillas y con las mejillas sonrojadas por el alcohol le beso.
Segundo paso cumplido.
Sus manos, seguras y usadas, recorren mis muslos y poco a poco van trepando hacia la cima de mis inseguridades. Desvío la mirada y finjo. Me dejo llevar. Como tantas otras veces.
Cuando la yema de sus dedos hace contacto con el placer, me separo de sus labios y con una sonrisa cómplice, le empiezo a desnudar.
Su mirada ansía poseerme y le llevo a oscuras hacia la cama de matrimonio mientras Madrid descansa en silencio –Sólo se percibe la desgastada luz de las farolas y el peso de mi tristeza suicidándose por la ventana, nada más-
Mi cintura descansa en su cadera y noto como una boca, descuidada y sin rumbo, saborea cada pedazo de mi piel. “Eres perfecta” susurra.
Tercer y último paso cumplido
.
Podría llamarlo amor, pero estaría mintiendo. Mañana cuando amanezca no estaremos juntos y las sábanas serán testigos de un romance a corto plazo, de un polvo más, de mi seducción perdida entre el vaho de los cristales.
La respiración entre cortada acompañando los gemidos, el tacto de su piel quemando la mía, la mirada perdida… Así continúa la noche.
Tras quedarnos sin fuerzas y notando como débilmente amanece, le pido que se marche.
Obediente y con una sonrisa bastante idiota se viste. Sigo desnuda entre las sábanas y, encendiéndome un cigarro sabor chocolate, le doy las buenas noches. O quizás los buenos días. Quién sabe.
Me escribe en un papel un “¿Volveremos a vernos? Llámame princesa” Y dejándolo en la almohada se marcha.
Lo que no sabe es que nunca me gustó jugar a ser una princesita. Nunca me gustó lo suficiente arreglarme. Nunca me gustó fingir una sonrisa cuando mi interior se ahogaba.
Tumbada en la cama con el rímel corrido, cierro los ojos y me duermo. Es momento de escapar.
Hoy vuelve a ser otro día en el cual, el sol nace y yo respiro sin la persona que quiero a mi lado. A pesar de haber tenido ‘Buenas noches’ inundando mi piel, ansío tener a alguien –o a ti- que me despierte con un “Buenos días, pequeña” susurrado en mi oído.
Tiempo al tiempo.


jueves, 9 de agosto de 2012

Lágrimas y café.

No sé si la culpa de todo esto la tiene la yema de mis dedos paseando por el piano o esa sonrisa que invade cada uno de mis sentidos.
Si te soy sincera, la falta de ropa y el calor veraniego sabor capuccino, me piden hacer una escapada a tu corazón.
Y por mucho que duela, hoy los recuerdos son mi mejor compañía
Como tantas otras veces, puede que ya me hayas olvidado.
Y aún así continúo viajando entre lágrimas al momento en el que rocé tus labios por última vez. La esperanza susurra que me rinda, que abandone este sueño que no tiene salida, que ignore esta meta imposible...Pero no, no soy capaz.
Hoy es otra noche más en la que necesito un abrazo y no de cualquier persona.
Volveré a ver como el cielo se tiñe de tonos anaranjados y con el reloj marcando las 7:30 de la mañana, dormiré un par de horas, quizás tres. Como todos los días.
Se está volviendo rutina el echarte de menos y lo siento, pero creo que esto no es sano. 
Nunca debí dejar que te apropiaras de mis inquietudes, de mis dudas, de mi insomnio... Ha llegado un punto en el cual, la vida me pide orden y yo, entre mi caos particular, no encuentro ni los restos de mi corazón en ruinas.
Llámalo desastre. Llámalo inestabilidad emocional.
Lo único que sé, es que me desvivo por ver como tus labios se curvan entre una carcajada.
Y aún así, seguiré diciendo un 'no pasa nada' mientras la pequeña niña de mi pecho susurra 'me falta todo...'
Por que lo siento, pero mi cama vacía te reclama y yo ya no soy capaz de poner más excusas. 

sábado, 4 de agosto de 2012

Sacarte de aquí.

Iré a esas cuatro paredes que te comen y te sacaré de allí
No dejaré que nadie se meta en nuestro camino, en nuestras metas, en nuestras ansias de escapar de este caos. Y te sacaré de allí.
Probablemente nos llamarán locos, nos dirán que estamos echando a perder nuestras vidas... Pero tú y yo sabemos que eso no importa. Cuando lleguemos a mi casa habrás descubierto que tengo una maleta con ropa tuya y que la mía está de camino al aeropuerto. Te diré con una sonrisa que es momento de disfrutar y tú, con esa cara de bobo, dirás algo como 'Madre mía esto promete'. 

Terminarás tu típico cigarro y nos pondremos en marcha a cualquier playa alejada de la humanidad.
Los dos solos

La primera condición del viaje será sencilla: Nada de relojes, nada de horarios, nada de compromiso. 
Nuestra banda sonora se basará en la manecilla de tus latidos, en el 'tic' de tu sonrisa, en el 'tac' de tu mirada. Y así hasta volvernos locos de amor sin saber en qué día vivimos. 

La segunda condición del viaje será un poco más complicada: Nada de ordenadores, de comunicación, de dependencia. 
Serán nuestros pequeños días aislados del mundo. Solos. ¿Por qué vamos a estropearlo dependiendo de nadie? Solo por una vez: hagamos lo que el corazón nos pide.
La tercera condición está bañada en mis caprichos: Promete que vas a disfrutar de cada segundo. 
Te parecerá absurdo tener que hacer algo así, pero mi mirada de niña tiene miedo a cualquier duda tuya y lo único que busco es seguir en tu día a día. 

Dormiremos en un colchón de matrimonio. ¿Te acuerdas de nuestra noche? Esta será igual, solo que con el sonido de las olas llamándonos desde la lejanía. Como no me gusta mentir, te lo confieso, no será ni parecida. 
Dejaremos que la madrugada sea nuestra única ropa y saborearemos cada sentimiento bañado en magia. Nuestra magia. Lo demás ya puedes imaginártelo tú solito.
Después de disfrutar por la noche, bajaremos a la playa y acariciaremos al amanecer desde la arena, entre nuestra felicidad... Y así hasta volvernos ciegos de placer sin saber quiénes somos

miércoles, 1 de agosto de 2012

Tormenta de verano.

Si es cuestión de confesar, este café crea añoranza de tus labios y mi lengua lo único que roza es el paso de mis sentimientos. Todos ellos, inestables y frágiles, fluyen al nudo de mi garganta que trato disimular.
Mis piernas recorren la cama a la cual nunca has visitado y me pierdo entre el vacío de mi propio techo. 

Dudas como '¿Dónde estarás ahora?' laten en mi piel y le susurro a la taza que no quiero engancharme a ti.                                                                                                                                                            (Aunque sé que es tarde para ello...) 
Separo la comisura de mi labio superior del amargo silencio que me rodea y suspiro.
No sé ni lo que siento.
Los nervios están pudriéndose en mi estómago y este dolor no me permite pensar.
Juntando mis pestañas imagino cómo sería el marcharme en este mismo instante.
Terminaría el café y jugando con la cuchara, pensaría que prendas debo llevarme.
Quizás aquel vestido palabra de honor y mis zapatos. Quizás aquel peto vaquero, un par de tops y mis Vans. Quizás aquella vieja camiseta que me gusta tanto y un par de culots. 

Otra opción tentadora se resume en no llevar nada.
Sonrío ante la idea de bañarme a altas horas de la madrugada en la piscina, desnuda, contigo.
O quizás deberíamos ir al mar y dejar que la arena roce los dedos de nuestros pies mientras nos evadimos del mundo. No sé.
Antes de todo eso buscaría mis libros de Chuck Palahniuk, aquel vinilo triste y un par de cuadernos.
Pocas cosas merecen la pena en estas cuatro paredes.
Cogería un papel arrugado con letra cursiva y soñadora, escribiría: 'Ha llegado el momento de vivir mi vida, gracias por todo' o quizás no.
Lo más seguro es que haría la maleta, y llamando a mi mejor amiga, me escaparía del asfixiante 'tic-tac' que mece la rutina.
Doy otro sorbo a la taza y recuerdo donde estoy, porque no me he ido y quien soy. Y por mucho que busques, no vas a encontrar en este par de palabras mi sonrisa.
El calor, cual pintura en pincel, recorre mi piel y yo sigo encerrada esperando mi tormenta de verano. 

Tú siempre vienes con relámpagos y truenos y aunque no te lo diga, mi mirada de niña te está invitando a escaparnos juntos. 
Le digo al miedo que se marche, que voy a saber sobrevivir sin él. Y rencoroso me recuerda que siempre vuelve. Pero eso da igual.
Si te soy sincera, es la primera vez que acojo una mezcla tan exagerada de sentimientos.
Como un bosque de luz lleno de árboles. 

Como todos los granos de arena que componen el Sáhara.
Como las estrellas que brillan recordándonos lo pequeños que somos.
Para que te hagas una idea, algo semejante a ese tamaño recorre mi interior. Y fíjate que soy pequeña. Y eso que no quería hacerme adicta a otra sustancia que no tuviera cafeína.
Limpiando mis labios con la punta de la lengua, termino mi pequeña cita con Amor y me marcho.
Sin tacones, sin vestido, sin rimel; pero como una señorita que maneja los latidos del corazón con precisión.
Quizás de una manera fría. Quizás de una forma inestable.
Y lo que me cuesta confesar, es que quizás de una forma enamoradiza.
Recordando el tabaco en el sabor de tus besos. Añorando tus manos, tan conscientes del recorrido que dibujan por mi piel como tu mirada. Extrañando tus 'pequeña' que crean una sonrisa en mi rostro.
Vistiéndome y con el sabor a café fundiendo el nudo de mi garganta casi existente, me atrevo a pensar que todo va a ir bien.
Y no, esta vez no voy a planear nada, tampoco voy a dejar que tú lo intentes. 

Nada de promesas, nada de ilusiones de adolescentes.
La magia surge, se crea y se destruye por si misma.
Dejemos que nos sorprenda a solas y si hay que destruirla, que sea a base de besos y caricias que no encuentren fin entre tus sábanas.