jueves, 12 de julio de 2012

Y hablando de aprovechar el tiempo..

Si ves mi última actualización y la historia que voy a publicar ahora, notarás ciertos parecidos.. 
Este texto es del 10 de noviembre del 2011. Y sin duda, me recordaba mucho al que acabo de escribir. 
Busca el mensaje y aprovecha tu vida, no tengo más que añadir.. 


El hombre que dormía en un reloj de arena: 
Llevaba toda la vida sentado, esperando.
Yo le vi un día que pasé por aquella parada alejada de la humanidad. Ahí estaba tranquilo, paciente.
No me atreví a decirle qué hacía siempre en ese frío asiento, a avisarle que ningún autobus iba a recogerle. 
Pasaba el día y la noche esperando, bajo aquel pequeño techo. Aguantando cada tormenta, cada día de lluvia, el frío de cada una de nuestras noches. Apenas se movía. En algún momento se levantaba, tembloroso e inseguro. Al rato le podías ver aparecer con una bolsa de comida rápida, una cerveza o un cigarro entre sus labios. 
Tenía la piel blanca, fría. Bajo sus ojos podías observar unas ojeras oscurecidas por el paso del tiempo, por las frágiles lágrimas que se deslizaban algún día tras su mirada. Sus ojos cristalinos reflejaban la tristeza de su corazón, la angustia de su vida. 
Yo le vi un día hablando con un par de policias. Al pasar con infinita curiosidad me acerqué lo máximo posible a la parada, a aquel reloj de arena en el que estaba atrapado. El policia más avanzado de edad le dijo confuso:
-Pero señor..¿usted qué espera?
El hombre no contestó, continuó con la mirada perdida en la carretera. 
-¿Necesitas ayuda?- insistió, un poco agobiado.
-No..-Dijo el hombre casi en un susurro. 
-Entonces, ¿qué estás esperando?
El hombre suspiró. Alejando toda la ansiedad que se respiraba en el aire. Yo me detuve disimuladamente, ansiando escuchar una respuesta.
-Sigo esperando un cambio, que todo vaya bien.
Los tres escuchantes nos quedamos perplejos.
Yo, impulsiva, le dije. 
-¿No crees que será mejor intentar las cosas en lugar de estar esperándolas?
Los policías se giraron mirándome, sorprendidos de que estuviera allí. 
El hombre se giró con tranquilidad. Fijó sus ojos cansados en mi mirada. 
-Ya es tarde para intentar nada- Dijo decepcionado.
-Nunca es tarde para empezar de cero- Le aseguré desviando la mirada de aquellos potentes ojos- Nunca.
Entonces me fui. Sin esperar respuesta. Extrañada por mis propias palabras. 
Estuve varios días sin pasar por aquel remoto lugar.
Un día frío de otoño, caminando cerca me fijé en la parada, esperando verle ahí sentado, como siempre.

Pero para mi sorpresa no estaba. Sólo había una nota en su lugar. Me acerqué bruscamente para leerla. Y cuando lo tuve en mis manos pude ver..
"Estoy luchando por mis sueños, continuando mi vida. Porque nunca es tarde para empezar de nuevo.."
Sonreí. Era el momento de seguir adelante, de ser libre. 

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