martes, 24 de julio de 2012

Dicen que tengo una pequeña obsesión con los zombies.

Le vi llegar y el kalashnikov se me escurrió entre los dedos.
Ahí estaba el hombre de mi vida, o lo que quedaba de él. 
El calor desdibujaba la acera y su figura tan solo era una sombra que se iba acercando. 
Un paso, un recuerdo, otro paso, una lágrima.
Arrastraba el pie derecho y a través de la mira telescópica pude observar la falta de piel a la altura de las costillas. 
Su rostro vacío, indicaba que desde hacía meses estaba hambriento. En los ojos se observaba la necesidad de alimentarse y la falta de humanidad brillaba por su ausencia. 
No sabía si disparar o huir, no sabía si dejar el arma y rendirme a mi nueva vida, no sabía qué debía hacer. 
'Con lo que tú y yo hemos sido, con lo que yo te quiero.' Susurré nostálgica.
Cuando le tuve lo bastante cerca, provoqué una explosión en sus órganos a lo largo de la carretera. 
Me sequé las lágrimas de mi mirada entristecida y continué andando.
Pocas cosas tenían sentido ya. 

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