jueves, 12 de julio de 2012

Dale sentido a tu pequeña historia.

Tenía la mirada mas triste que jamás puedas ver. Sus ojeras pedían a gritos un abrazo y la sonrisa brillaba por su ausencia.
Llevaba diecisiete años esperando en la triste parada de autobús. Añoraba un cambio, pero nunca sucedía
Contra el reloj, fumaba tabaco de coco y exhalaba suspiros sabor impotencia.

Su mirada gris se escondía ante el resto de personas y tímida, mordía su labio inferior llamando una sonrisa ajena que bombeara aquel corazón de cristal.
Eran las cuatro y media de la mañana y el frescor nocturno erizaba los poros de su piel. Al final de la carretera nació una tenue luz rompiendo el paisaje, un autobús se aproximaba. 
Inquieta, se levantó del asiento y tiró lo poco que quedaba en la colilla al suelo. 
¿Sería este su cambio? 
El automóvil se detuvo en la parada y mirando al conductor, preguntó: 
-¿Es aquí donde se cumplen los sueñ...
-¿Puedes contestarme a una pregunta? -Interrumpió un chico más mayor que ella. 
Tímida miró hacia el suelo y escuchando como se marchaba el autobús, sintió que una oportunidad más le arrebataba el destino. 
-Adelante. -Susurró invadida por las dudas. 
-¿Qué haces esperando un cambio en tu vida? ¿Por qué no te levantas de aquí y vas a buscarlo? 

No daba crédito a tanta emoción que paseaba por su cuerpo. Le examinó de arriba a abajo sigilosamente. 
Llevaba el pelo descuidado y la mirada llena de ilusión, sus ojeras mostraban que no perdía el tiempo y la sonrisa que estaba enredada en sus labios era sincera, llena de compasión.
La pequeña, dio rienda suelta a sus sentimientos y comenzó a llorar. 
Temblorosa, dejó que los brazos de aquel extraño envolvieran su delgado cuerpo. 
Apoyada en su pecho escuchaba una y otra vez 'no tengas miedo' y entre caricias por la cintura 'todo saldrá bien'. 
Abrió los ojos y descubrió que, el rostro de la persona que había cambiado su vida, estaba a escasos centímetros de sus labios. 
Él, esbozó una sonrisa y sin dudarlo, la besó con cautela. 
Se apartó y dijo: 
-Todo va a salir bien, desde hoy me vas a tener a tu lado.

La pequeña, incrédula, sonrió. 
Ahí estaba su nuevo cambio, por fin su rutina cobraría sentido. 
Se agarraron de la mano y empezaron a caminar bajo la frágil luz celeste de las estrellas. 
Adiós al caos, adiós a la rutina. 
Era el momento de ser feliz, de sentirse libre. 


























[Fotografía de...  

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