jueves, 3 de mayo de 2012

Ven, te invito a conseguir tus sueños.

Sentía el peso de mi cuerpo oprimiendo mis piernas que, agitadas, me llevaban por aquel terreno frío por el que todos tenemos que pasar.
El frío de la madrugada golpeaba mis pulmones, dibujando en el aire delicado vaho que desaparecía en un nostálgico baile con el paisaje. La velocidad llamaba a las lágrimas que se suicidaban por mis mejillas. Los latidos de mi corazón agitados eran la única música para mis oídos. Empecé a toser desesperadamente.Tenía tantas cosas que decir que ya me ahogaba, no podía más. Llevaba 17 años agotándome, cayendo una y otra vez en ese terreno árido, triste. 
En ese momento me detuve, no quería seguir la vida, el cansancio era superior a mis fuerzas, las caidas eran demasiado duras, no tenía más resistencia. 
Pero entonces, en la oscuridad de mi noche, lo sentí.
Lo palpé como nunca, pude tocarlo con la yema de mis dedos; sentí cada uno de mis sueños, de mis esperanzas, de mis ilusiones. Vi que todo no se podía detener ahí, tenía que luchar. Una vez más. Seguir adelante. Levantarme y luchar. 
Aún me quedan muchas cosas por vivir, muchas emociones por sentir, no podía terminarse todo ahí. Apoyé mis manos en el suelo levantandome. Sonreí. No podía rendirme, tenía que seguir adelante
El sol nació iluminando mi noche, mi pequeño caos, mi inocente existencia. 
Era el momento de ser feliz, de luchar, de ser libre. 
Ese momento que no se acaba, esa necesidad de vivir, de volar, de escapar de aquí.. 

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