domingo, 20 de mayo de 2012

Tenemos que iluminar la oscuridad.


<< ¿Ves ese pájaro de ahí? >> 
Iris, con sus ojos tormenta, se quedó inmersa en el plumaje que se escondía en la vieja jaula de metal.
<< Está hecho con sueños >>
Con una mueca de duda, un tanto graciosa, me dijo:
-¿Pero qué dices? – Sonrió - ¡Es un pájaro! ¡Los pájaros son normales!
La miré con el rostro relajado, serio, disfrutando el momento como el primer baño del verano.
Entró su madre a la habitación. La mujer de mi vida. Mi mitad.
-¡Mamá, mamá! Papá dice que Lua está hecha de sueños. ¿A que es imposible?
<< ¿Imposible? >> Interrumpí.
-Cielo, esa palabra no existe en nuestro vocabulario. Todo lo que te plantees, absolutamente todo, es posible. Con esfuerzo todo se consigue. No lo dudes.
Sonrió llena de ternura.
“Ven”, la dije, “deja que te cuente una historia”
Se apoyó en mi pecho. El aire de la costa columpiaba su pelo moreno por mi piel. Cerró los ojos.
Y entonces, comencé.

Hace muchos años, antes de tu nacimiento, existía una niña llena de ilusión.
En su cuerpo no podías encontrar ni odio, ni tristeza, ni rencor.
Era un conjunto de esperanza con forma, nada más.
Y… ¿Sabes qué? Un sueño la acompañaba en todo momento; ansiaba llegar lejos, ser el cambio que buscaba en el mundo. Pero… ¿Cómo lo haría? Se preguntaba una y otra vez.
Por aquel entonces, en 2012, gobernaba la codicia y el egoísmo en la sociedad. Pequeña no sabía cómo nadar entre tanto tiburón. Se veía incapaz de luchar por todo aquello que daba sentido a su existencia.
                                                            Tenía miedo, cariño, mucho miedo.
Entonces un día, decidió escribir en un papel su mayor sueño.
¿Sabes lo que hizo con ese papelito? Lo guardó en un tarro de cristal.
-¿Por qué? – Interrumpió Iris inquieta.
Las paredes del bote, le impedirían a las ilusiones escaparse. Siempre conservaría su sueño.
-Pero… No lo entiendo. 
¿De qué sirve tener un sueño si no lo consigues?


Sonreí y seguí dejando que su imaginación navegara entre el eco de mis palabras.
Eso es lo que pasa cuando tienes miedo. Tu cuerpo no quiere responder y es tan grande el vacío que te llena que, por mucho que quieras volar, ya no puedes.
Iris miró fijamente la jaula y, sin dudarlo, me susurró que debíamos soltar a Lua; era el momento de decirle adiós a nuestros sueños. De convertirlos en realidad.
-¿De verdad quieres hacerlo? – Inquirí.
Una vez que dejes que tus ilusiones vuelen, te enfrentas a la lucha constante de conseguir tus metas, ya no te puedes rendir.
Se mordió el labio inferior dudando. (El mismo gesto de su madre)
Suspiró.
“¡Quiero hacerlo!” Gritó “Yo no quiero ser como Pequeña, yo no quiero vivir a base de miedos” 

-Libertad. –Dijo mi chica – Así es como se llama ese sentimiento, cariño. 

Otra sonrisa más se escapo entre mis labios. 
El oxígeno de mayo se había convertido en moléculas de felicidad. Tenía el mismo sabor que la noche del 5 de enero.
                                                                                      Ilusión, esa es la palabra.
Iris se aproximó a la jaula y emocionada, musitó:
-Adiós Lua, ve a conseguir tus sueños. Y… no te rindas. Tú estás aquí para ser libre.
Y entonces, vi la esperanza reflejada en aquel pequeño animal.
Tardó unos segundos en atreverse a salir de la jaula de sus emociones. 

Como siempre, es difícil ganar al miedo, es complicado vencer al “Qué pasará” pero eso, no tiene que impedir que las metas se realicen...

Lua nos miró un instante antes de marcharse. Reinaba el silencio.
Entonces, su cuerpo se unió al viento y subió lo más alto posible. 
Allí donde los sueños juegan con las ilusiones,allí donde todo es posible.
Iris empezó a aplaudir y saltando decía una y otra vez…
“¡Vuela! ¡Vuela alto! ¡Que nadie te lo impida!” 

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