viernes, 4 de mayo de 2012

El gris del cielo que tiñe tus ojos de tristeza.


“Era triste, pero ahí estaba yo, esperando a la única persona que me ha hecho sentir de verdad. No podía creerme que las circunstancias fueran así, pero volvía a estar a tu lado.
Después de tanto dolor, después de tanto silencio, después de tanto tiempo olvidando los recuerdos…
Y dolía no poder decir,
‘Eh cielo, que estoy aquí, que sigo amándote’
Pero, ¿Qué podía hacer ya? Había perdido, esto no tenia solución.
Ya habían pasado cinco meses y la historia se había acabado. Ya no podía decirle nada.
Esa seria mi nueva vida.
Adiós gloria, adiós felicidad, adiós sueños.

Ahora me tocaba vivir una vida llena de silencio, de cicatrices que se abren cada vez que ven su sonrisa, de lágrimas en la madrugada, de drogas, de impotencia.
Una vida de mierda que no me correspondía.
Algo tenía que hacer, pero… ¿El qué?
¿Gritarle que sigo a su lado? ¿Susurrarle que doy todo por su sonrisa? ¿Decir un ‘Te quiero’?
No podía decir nada. Era absurdo.
       El frío me sacó de mis pensamientos y empecé a distraerme con el ruido de los coches, con el paso de la gente, con las sonrisas ajenas.
Disfrutaba imaginándome como sería la vida del adolescente que se paró en medio de la carretera a besar a su novia, pensando como sería la rutina del hombre del banco de enfrente, como serían los sueños de todas esas personas.
Y luego, tristemente, pensé que probablemente no llegarían a nada.
Pocas personas alcanzan lo que quieren. Nadie se preocupa por darle un sentido a su vida.  
Que me miraran a mí. Ahí estaba yo, observándoles desde el frío asfalto. 
¿Dónde estaban mis sueños? ¿Y mis ilusiones?
Todas mis metas, todas las palabras escritas en folios…
¿Dónde habían terminado?
Todo ardió entre el silencio de mi impotencia, entre mi mirada triste y sus palabras de rencor.
Todo se esfumó.
Esa ya no era mi vida.
Yo ya no tenía nada propio. No tenía una vida que alimentar cada segundo. Una vida que disfrutar al cien por cien. Una vida dedicada a amar a alguien.
Repito: yo no tenía a nada.
Las aceras, mis ojeras, el temblor de mis piernas me lo aseguraba. Ya no me quedaba nada.
Yo sólo era polvo de zapas viejas.
Era el filtro del cigarro que se termina el policía en el descanso.
La parada de autobús en la que no se baja nadie.
La última hoja que cae en otoño.
El pájaro que se esconde al ver que no puede volar con el viento.
El gris del cielo que tiñe tus ojos de tristeza.
Un recuerdo que dolía como una bala en el pecho.
No era más que eso.
-
La verdad es que daba un poco de pena. Esperando en un sucio portal, ahogándome de impotencia, tragándome mi triste realidad. Mi nueva y jodida vida.
Pero no todo es tan dramático, ¿no?
Me levanté a duras penas y me refugié en un banco abrazando el sol. El calor agitaba mi piel, mi fuego interno. No tardaría mucho más en venir. Sonreí.
Podía seguir viendo su mirada, cosa que echaba de menos.
Podía seguir cuidando sus miedos, aunque no fuera de la forma que yo quería.
Podía abrazar su amor.
Pero todo en silencio. Siempre en silencio.
Y la verdad, es mi única mentira. Hoy es así.
Lo daría todo por demostrar como soy, como me sentía, como sufría. Pero es absurdo, no lo iba a hacer.
Continuaría así hasta desaparecer. Dejaría que su sonrisa se la pusiera otra persona, yo ya era cenizas.
Era el olor que se respira en la hoguera de San Juan.
Cada estrella que se escapa esa noche de verano entre las llamas.
Cada meta que se lanza al fuego y no se cumple.
Esa decepción. No era nada más…”

2 comentarios:

  1. Muy bien como siempre, ya me gustaría a mi escribir como tu :D

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  2. ¡Muchísimas gracias! A mi ya me gustaría dibujar como lo haces tú. ¡Un beso!

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