domingo, 27 de mayo de 2012

Deja que sea suave.



La melodía que susurraba el teclado de tus dudas volvía a invadir mi cuerpo..
Las notas caían frágiles en el aire, los recuerdos atrapaban mi mente y no me podía concentrar en tu sonrisa.

‘Soy un desastre’ me decía.

Y ahí delante estabas tú. Tan implacable como siempre.
Con esa curva tan perfecta de tus labios.
Esa mirada capaz de congelar el minutero de cualquier reloj.
Esos sentimientos que creaban la dependencia que te sigo teniendo..

Todo ocurría a doble tiempo, poco a poco fuimos fundiéndonos entre el calor de nuestros corazones.
Dos estrellas que no paraban de brillar.
Dos almas que no se podían separar.
El tic-tac se iba deteniendo transformando la situación a un ritmo Piano.
                                                                               Suave. Lento. Infinito.

Me desperté y las lágrimas recorrían mis mejillas.
Llámalo nostalgia. Llámalo amor. Llámalo dependencia.

¿Dónde está? Le dije a mi almohada.
Y una vez más recibí como respuesta ‘Nunca ha venido por aquí.’

Y aún así te sigo echando de menos. 

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