viernes, 21 de diciembre de 2012

Demasiado rojo para tan poco gris.

Oye... y esa Rusia bonita, nostálgica.. ¿Dónde quedaste? 
Oculta la libertad en esa oscuridad,  en ese frío... Volvamos en enero como la última vez. Hagámosla arder. Venga préndela, que sepa que no la hemos olvidado.
Que no nos hemos olvidado, y quizás… si volviésemos..

Lograríamos que todo fuera distinto. Quién sabe. El problema es que el gris pesa y Libertad se nos escapó de las manos. Quizás intentamos brillar demasiado pronto o… se nos hizo demasiado tarde. No sé.
Me gustaba el frío, me gustaba como conseguías definir libertad con una mirada...
La sensación que recorría todo mi cuerpo. Como una reina siberiana... como un obrero feliz. Orgullosos ambos de hacer de esa palabra tabú nuestra... porque irónicamente, juntos, éramos libres.

Pero.... no.
Lo construido cayó.

Los cimientos fueron aniquilados por los contrarios. Aunque ahora, ya no sé quién era el enemigo. Porque no luchaste.
Abandonaste. Me. Y... Cómo duele. Me cuesta respirar. La revolución nunca ha cesado en el rojo. Ya sabes.
El que bombea aunque esté cansado de sangrar. Ese que no se rinde. Ese que grita “nosotros podemos” en el lado izquierdo. Mi corazón posee el mismo sabor que dejaban tus besos en mi cuello. Esas pequeñas muestras de independencia que acababan con nuestra ropa a los pies de la cama.
Yo manifestando mi amor por ti y tú tirando bombas de gas a mi garganta. Como si se tratara de un juego construido con nuestras propias reglas.
Eh. Pero no. Hace tiempo descubrí que la libertad, esa diosa sin nombre, anida en mi interior y que ni tú ni el frío. Ni siquiera el rencor... nada me la quitará. Soy dueña de esta y puedo permitir que el frio me domine. Hasta cierto punto.
Y eso. Vámonos al norte.Suéltate el pelo. Explora dentro y haz de ti un alma en libertad contagiada por el ritmo de los copos de nieve golpeando contra el suelo.
Deja que la calma sea la reina de tu caos y… cuando el miedo ocupe tus pensamientos llene de dudas tu interior: Coge aire, respira y susurra “Yo soy libertad, nadie puede arrebatármela”
Y así nos meceremos en un vals con cientos de personas. Tú recogiéndome el vestido para no manchármelo de pánico y yo sujetándote la sonrisa con mis labios para mostrarnos fuertes. No vamos a dejar que los antidisturbios nos roben la felicidad, la vida, nuestro frío, nuestro desorden.  Somos más grandes que eso. ¿Recuerdas?
Rojo. Como el mar, como los cortes. Como ese amanecer a tu lado. Como esas guerras en tu cama. Como mis ojitos cuando te marchaste. Dame gris. Dame aire. Dame fuerza. El morado que me sube. El alma. El ego. Mis ansias de ganar. De ganarles. De ganarte. La fobia que le tengo a tu cuello se junta con las ganas de liarla en cualquier asalto a esos 'grandes'.
¿Algo más bonito que revolución?
Revolución de tu mano.
Venga va. Secuéstrame e ideemos un plan. Algún.cóctel molotov y no como el que usas en mi cabeza. Que sientan frío. Que mueran de miedo y nosotros nos saciemos.


[Texto escrito con @n0stalgésica ... amor para su arte: http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/?m=1 ]

domingo, 16 de diciembre de 2012

Vuelvo a escribir entre desvaríos.

Tanto tiempo sin escribir que no sé ni cómo hacerlo. Mentira.
Los recuerdos golpean contra el asfalto y la magia–asustada con tanta ruina- se esconde entre las iniciales que hay dibujadas en el vaho de mi ventana.

La música no consuela.
El bolígrafo no consuela.
Patinar no consuela.
Llorar no consuela.
Y aunque lo intentes… tú tampoco ayudas.

Vuelvo a huir despreciando al resto.
Como decía aquel texto de yoquesé quién:

“El mundo es un asco, está lleno de personas”

No intentes entender el por qué de esta frase si no conoces el motivo de mis ojeras.
¿Realmente quieres saber qué pasa en estas cuatro paredes?
Estoy corriendo asustada ante el pasado. Pero el cabrón no frena y vuelve a dolerme.  A quemarme. A dejarme los ojos rojos y el alma tiritando.

Ay. Cómo dueles

Cómo duele.

Me cuesta comprender como en cuestión de cuatro años la vida de una persona puede acabar tan destrozada. Qué desastre de chica eh.
Y qué si suena exagerado para vuestros ignorantes ojos.
Sé por qué escribo, por culpa de quién y para quién.
-Aunque no lo vaya a leer-

Y si ya no puedo escribir... ¿Qué me queda?
Por muchas sonrisas que exhale, el vacío revienta mi interior y los suspiros empiezan a arañar el nudo de la garganta.

Ay. Cómo quemas.
Cómo quema.

El cielo acompaña mi estado anímico mientras Chernobyl es trending topic en mi mente.
Desde estas tristes ventanas no se ve París ni el ámbar de su sonrisa.
Tampoco resuenan las olas de Barcelona a lo lejos.
¿Qué cojones pasa?
¿Qué tiene Madrid que me satisface y asfixia con tan sólo pestañear?

...

Estoy perdiendo el norte, aunque si es cuestión de confesar hace un par de tic-tac's escondí la brújula bajo candado y tiré la llave al río de la cordura.
Quién quiere orden pudiendo enamorarse de un bonito caos.
Quién quiere pureza pudiendo encontrar alguien que decida lamer tus heridas.

Ay. Desvarío a centímetros de tu boca.
Desvarío.

Creo que es momento de empezar de cero una vez más, levantarse por [inserta aquí el número de veces que has perdido tus sueños en una caida] y decirle a la tristeza que aún quedan niñas valientes.

Pero. Yo no. Lo siento.
No puedo ser quién le susurre eso.
Deja de leerme. Deja de intentar comprender lo que sangro aquí.
Por favor, vete. Apaga la luz, túmbate a mi lado y abrázame.
Quizás el tiempo me ayude y reconstruya.
Quizás tu compañía me cure.
Quizás vuelva a nacer mañana con una sonrisa y el pasado olvidado.
Quizás... Yo que sé. 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Tú la poesía, yo el papel.


Amanezco -entre latidos y tu pecho- sintiendo que lo único que quiero es que el tiempo se congele, que frene, que no te escapes del segundo en el cual tu sonrisa es lo fundamental para mi rutina.
Eres el orden de mi caos, la pequeña diferencia en mi gama de grises, la magia de mi día a día.
Y qué si suena exagerado. 
Quien me conoce sabe el bien que creas en mi desastre. (Ay...)
Gracias por aparecer, gracias por conocerme, gracias por no irte.
Prometo reservarte un hueco en mi cama. (Sólo por si vienes)



lunes, 3 de diciembre de 2012

No esperes volver con vida.

(Se percibe un ruido difuminado procedente de una radio antigua) 

-Pro… ¿Probando? ¿Funciona esta mierda? 

(Aclara su garganta tranquilamente)


-Empecemos: 
El globo terrestre contaminado por nosotros…
Los océanos, el cielo.
Las selvas, los bosques.
Los ríos, los lagos.
Cada grano del desierto.
Las ciudades, los pueblos.
Los parques, las calles.
Las tiendas, los supermercados.
Los hoteles, las casas.
Todo permanece en silencio.
La calma es violada por los inagotables gemidos que yacen en la acera, en el frío asfalto.
Ésta, es la psicodélica melodía bañada en tristeza. Obra, ¡cómo no!, del ser humano.
Si quedan supervivientes estarán escondidos en una habitación temblando y sintiendo la cercanía de la muerte. 
¿El resto? 
Deambulan por las calles en busca de alimento. Son marionetas de los impulsos, de la necesidad. La sociedad tal y como la conocemos, no existe. Ya no.
Adiós sentimientos, adiós sueños, adiós vida. 

(Suspira)

-A lo mejor me estás oyendo desde un rincón de tu armario. Con los nervios impidiéndote hablar y el corazón a mil kilómetros por hora. No sé.
Es probable que hayas perdido familiares… Estoy seguro.
Pero… Aquí me tienes. 
No te puedo salvar. No te puedo localizar.
Pero…Si sales a la calle, corre.
Eso sí, no esperes volver con vida.
A estas alturas solo sé que existo, que siento y que sangro si me atacan esos seres hijos de p… 
Ay. 



(Solloza angustiosamente y con voz ronca, prosigue) 

-Si vas a por recursos, sálvate. Búscame. Te esperaré con vida. 
No voy a prometerte que cuando vengas siga siendo consciente de mis actos. Quizás sea uno de ellos. Intentaré no atacarte y devorarte vivo. 
Ojalá me libre de esa angustia.
Si estás escuchándome no dudes en avisar.
Puede que logremos demostrar que los humanos no somos tan odiosos, tan horribles…
Aunque ya es tarde para algo así. 
(Vuelve a gruñir la radio entrecortándose y finalmente, se apaga) 


[Ilustraciones realizadas por 
Laura R Gallego ... http://tulatamerenta.blogspot.com.es/ ]

domingo, 2 de diciembre de 2012

Tu recuerdo aparece y...

Vuelvo a pasear impaciente por la habitación.
Termino los últimos restos de nicotina que se escapan entre mis labios dibujando una y otra vez tu inicial en la ventana, pidiéndole a la tristeza que me queme un poco menos pero… Ya es rutina pasarme las tardes tirada en la cama mareando mis rayadas. Llevándome la mano a la cara y suspirando por cada cosa que no va como debería. Me produce desesperación mirar atrás y ver como antes coleccionaba sonrisas y hoy tengo una colección de lágrimas, a cual más delicada. Sumemos a todo esto, cada uno de esos recuerdos que sólo vuelven para joder. Y, ¿de qué me sirven los recuerdos si con quien quiero compartirlos los ha olvidado?
Sí, ha cogido nuestra historia y la ha roto.
Y yo aquí, con mi copia en forma de recuerdos, releyéndola a cada instante y jodiéndome por dentro.
Quizás también debería hacer añicos lo poco que queda de 'nosotros', quizás.
Pero, ¿quién me asegura que algún día no necesitaré estos recuerdos para volver a sonreír?
Escribo tu nombre y lo tacho una vez más.
El cuaderno –al igual que el bolígrafo- se saben de memoria la añoranza que tengo de ti, de tus besos.

Voy acumulando álbumes con los instantes que grabamos en nuestra piel aquellas tardes de verano.
¿De qué me sirven?
Lo único que descubro con tanto pensamiento es más dolor y la indecisión que me causa tu imagen me destroza poco a poco. Me estás consumiendo al igual que matabas el cigarro el día que te marchaste
Si es cuestión de confesar, hoy es un domingo más en el que no quiero acostarme con la mitad de la cama vacía.
No quiero lunes, no quiero rutina, no quiero día a día.
Lo único que busco es resucitar tus recuerdos esta noche y así quizás no me duela tanto la idea de (no) tenerte.
Tendré que esperar. 


[Entrada escrita con @siguelamelodia ... 
http://larutinadequererte.blogspot.com.es/  ] 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Lo escondido en los rincones del piano.


Comienzo a deslizar mis dedos débiles por las embriagadoras notas del piano y como si se tratara de leer en braille, cierro los ojos y me dejo llevar.
Cada agudo que descubro es un pinchazo entre costillas y corazón. Allí, donde se esconden los sentimientos que somos incapaces de susurrar. Allí, donde la magia baila un vals desacompasado con la nostalgia.
Salto frágil de grave en grave y sonriendo ante los estruendos que escupe, percibo como se escapa de mi cuerpo -construido a base de cartón- la negatividad que me atrapa, la rutina, el fracaso, la muerte que inagotable me persigue.

Cansada de luchar con el mismo ritmo, sin fuerzas por vivir encerrada en la misma partitura: Rompo el folio.
Es hora de pasar página y seguir adelante.
Otra música, otra persona, otro tiempo verbal, otra inestabilidad. Mi vida.

Coloco las nuevas notas que conducen mi destino e ignorando la tristeza que me corrompe, me dejo llevar una vez más por la magia que se esconde en un pequeño trozo de madera.

Este piano es capaz de hacer lo que tú no conseguiste.
Su música, el arte que posee… Es capaz de darme las fuerzas que te llevaste.

Gracias por desaparecer, por demostrarme que otros pueden recomponer el vacío que me tú creaste en mi ruina.

Las palabras golpean mi cerebro pidiendo auxilio, pidiendo escapar. Me ataladran, al igual que las notas de este piano. Pero he aprendido a vivir con ello. Con el ruido interno. Neuronas fracturándose, como los huesos.
La belleza de la noche es la que me espera cada madrugada y me mira de frente, me sostiene la mirada. Pero siempre pierdo. Demasiada fuerza, demasiado dolor en estos ojos miel.

Ritmos, latidos, acordes  complicidad, sinfonías, oscuridad, el universo en unas ojeras maravillosas. Supongo que aunque ahora este rompiendo cada carta. Cada cosa que te pertenezca. Siempre estarás. Por mucho que intenté borrar.

El tiempo hace el olvido, y sólo quiero que el tiempo me suelte y me hago tuya. Me entregué al viento y me desvirgue. Porque aún no he conocido la felicidad por primer vez.

Oscuridad que llena cada uno de mis huequecitos, que me mantiene. Que me hace buscarte. Aunque se cual será el resultado.
Un futuro inquietante, me espera. Un pasado que sólo Jode y que intento olvidar a toda costa pero mi gris interno y mi mala memoria me vuelven a jugar una mala pasada.

Un libro nuevo, en el que quiero que todos los capítulos sean igual que el anterior y poder reescribir donde todo fallo. Escribir la historia de nuevo y hacerlo todo perfecto. Como una nana. Como un vals.

Líneas que quiero que leas y cuando lo hagas las quemes, como si no te hubiesen llegado nunca. Baja la tapa del piano. Y ve hacia la puerta, encájala por favor, (manías que tiene una), y cierra con llave.

Y un último favor... tírala.

(O mejor no. Yo no lo haría)

Así podrás volver cuando menos lo espere. Vida sin ti, es como sí la rima no fuese bonita. Como sí mis largos dedos se tropezasen por cada tecla. Como sí escribir te sustituyese (quizás por eso pasó tanto tiempo atada al folio.)

Por último, coge el mechero. Fuma un cigarro, recordando el primero que fumamos juntos y no mires hacia atrás.

Fuimos grandes y como todas las épocas de esplendor, llega una época de crisis... que desgraciadamente pudo con nuestra resistencia. Hoy queda lo que fuimos.

Sólo soy lo que fuimos, mezclada con ojeras, cucharillas moviendo el café y bolis bics destrozando cualquier cosa que se le parezca a un papel.

Segundas partes nunca fueron buenas, ni tampoco repeticiones. (Depende del caso.)

Baja la persiana, quedan aún huequitos por los que se cuela la luz, abre las mantas y resguárdate del frío y de las miradas cálidas que prometan realidades demasiado bonitas.



[Texto escrito con la gran Nostalgésica: http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/?m=1 ]

lunes, 26 de noviembre de 2012

Nuestra gran depresión.


'La publicidad nos hace desear coches y ropas.
Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos.

Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos.
No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. 
Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida.
No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos.No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones. Somos la mierda cantante y danzante del mundo...

Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock... Pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta. Y estamos muy, muy cabreados.'


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tan similar, que asusta.

Momentos de inspiración en los que el boli parece que trota sobre el folio, que vuela, y que tus manos sudan, las palabras se tropiezan unas con otras mientras en el final de cada una está presente tu nombre. Como ese escalofrío que no esperas, como esa llamada que no llega, como esos recuerdos que no se borran y esas cicatrices que en lugar de curarse cada vez se abren más.
A veces pararse frente al problema e intentar resolverlo dista mucho de quienes esperan que se solucione sólo. Por eso... las heridas no se curan solas.
Tocarlas y toquetearlas como sí nada. Y tú vuelves a aparecer en cada pellejo muerto. En cada suspiro y aliento. En esbozos y en la inercia de mi esencia.
Rimar nunca supe, al igual que tú nunca supiste quererme sin herirme.
Ay,
cómo dueles.
Intento disimular este vacío que escondo entre pecho y costillas, pero nada.
Sigue latiendo, sigue quemando. El corazón se mueve por pura monotonía y el gris de tus secuelas golpea los cristales de mi ventana. Intento olvidarte. Sólo lo intento.
El papel pregunta que por qué me estanco en el pasado. No soy capaz de contestar.
Un nombre, una imagen, un sentimiento. Tú. Las mismas dudas de siempre.
“¿Por qué no estás aquí?” Lo único que recibo es el eco de los recuerdos y el curso de tus besos resonando por mi piel.
Vuelven a encharcarse los pulmones de suspiros mientras Venecia se refleja en mi mirada.
La tristeza me recuerda que el arte nace del dolor y yo, cansada y con ojeras, decido evadirme en un folio en blanco. A lo mejor consigo reconstruir un poco de ruina. O puede que termine rota una vez más.
Quién sabe…  

[Texto escrito la señorita n0stalgésica...  http://cenizascarb0nizadas.blogspot.com.es/?m=1
 ]

martes, 20 de noviembre de 2012

Nudos de la garganta y otros dramas.


Poco importa la hora que marque el reloj.
Todo es indiferente en esta habitación.
Incluso esa chica que se refleja tímida en el espejo.
Todo.
Se han esfumado los sentimientos.
Se ha suicidado el amor.

Sólo resuena el silencio.

-

La gama de grises gime tras la ventana llena de nostalgia.
Una ciudad descansa mientras otras personas mueren por insomnio.
La chica de las ojeras camina nerviosa por la habitación. Mira de vez en cuando el asfixiante tic-tac en la esfera y ante cualquier crujido gira la mirada en busca de paz, tranquilidad… algo.
El sol nace en una tenue esquina y desdibujándose permite a las nubes mostrar sus texturas.
La chica de los dramas comienza a llorar sin apenas respirar. Da patadas. Golpea con sus pequeños puños la pared.
Pero… no obtiene respuesta.

-

Pasan las horas y un cuerpo formado por huesos de cartón yace inmóvil en el suelo.
Nadie acude en su ayuda.
Ninguna persona lo reclama.
No hay labios que la echen de menos.

-

El jefe de comisaría con aspecto lúgubre suspira agotado. El fuerte olor a deshumanización se filtra en sus pulmones y reprime una arcada saliendo de la habitación.
El cuarto permanece a oscuras. En el centro observamos a un grupo de forenses realizando pruebas, reprimiendo tristeza.
Uno del grupo, quitándose la mascarilla, se aproxima a su superior.
En su rostro saboreamos el impacto de la noticia el sobrecogimiento de su corazón.
Se apoya en la puerta del pasillo temblando, aún así disimula.
-¿Todo bien?
Le pregunta su jefe dubitativo.

El forense asiente sin recordar que puede usar palabras para expresarse.
El impacto es tal que decide no moverse del sitio.
-¿Por qué murió?
Inquiere su superior.

Revive la escena en su mente afectada por los dramas. Y ahí está ella.
Dieciséis años de edad. Morena. Ojos verdes.
Toda una belleza.
Pero… muerta.

-¿Qué has dicho? Disculpa.
Traza una mueca tratando sonreír.

-¿Por qué murió?
-Se asfixió con las palabras que nunca dijo.


[...] 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Cumplir años y sueños.

'Lo que quería decir era algo así como...
De tanto pasar la vida soñando,
al final los sueños deberían llegar a la vida,
y tal vez el único sueño sea...
...que no hiciera falta soñar más.'

sábado, 10 de noviembre de 2012

Respirando vértigo.





































Subo cada escalón apagada por el miedo.
La angustia presiona mi respiración. El cansancio lucha con mis piernas.
La vida ha hecho de las suyas en estos delgados tobillos que, tras tanta pelea con el corazón, están agotados de caer y levantarse. Aun así, continúo.
Lleno mi pecho de oxígeno contaminado, cierro los ojos y entonces…

Amanezco apoyada en tu pecho.
Tus latidos transmiten la tranquilidad que vuela en el ambiente. Las motas de polvo entran por la ventana poco a poco. Frágiles. Lentas. Como si se tratara de un vals apasionado con la magia. Como si fueran a marcar ese instante en mi historia.
Mis ojos –
quemados por el placer- pasean por tu piel y perdiéndome en tus poros, susurro:
“Buenos días, cielo…”
Te beso pestañeando sigilosamente y cuando abro los ojos…
Estoy en el punto más alto.

Hace frío y mis mejillas pálidas se enrojecen con el contacto otoñal.
Vuelvo a estar a solas entre el metal.
Miro hacia la izquierda, silencio. Vacío. Soledad.
Miro hacia la derecha, calma. Blanco. Tranquilidad.
Una mezcla entre pánico y paz golpea mis costillas de cartón.
No sé qué hacer.

Muerdes mi oreja bromeando y con los ojos entrecerrados por el contraste de luz, sonríes.
Apenas establecemos una conversación. No lo necesitamos.
La yema de tus dedos acaricia mi espalda y me dejo llevar por la felicidad que me llama.
Mi lengua te enciende una vez más.
Cauteloso, el reloj marca las 11:11.
Me miras ilusionado y gritas: ¡Pide un deseo!

Otoño me despierta y descubro mi ruina. Mis miedos. Mis dudas.
La inestabilidad emocional dice que qué me pasa, que no sufra.
Recuerdo la imagen del reloj digital atascado en ese encanto y…
Quizás el único deseo sea no respirar el vértigo que me produce la idea de perderte.
Nada más. 



[Fotografía de...  http://www.flickr.com/photos/fotopixel600mg ]

jueves, 8 de noviembre de 2012

Aviso: no prometo nada bonito ni un final feliz.

La necesidad agonizando tras la puerta y los suspiros arañando los cristales. Ese es el resumen de la situación. Vamos a profundizar. 
La habitación permanece en silencio, la calma reina en las cuatro paredes y solo ilumina el desastre una frágil ténue luz procedente de la persiana. 
El naranja crea sombras en el rostro pálido que yace en la cama. Aparentemente podemos pensar que no tiene vida, que su espíritu se ha marchado. Pero su respiración fantasmal se deja ver continuada de un vals de lágrimas por las mejillas. Todo un espectáculo. 
La chica de no más de dieciocho años tiembla con las manos manchadas de sangre. El pelo moreno le acaricia los hombros desnudos. Sus piernas frágiles insinuan la falta de compañía. Suspira. 
Tras la puerta el segundo no es menos caótico: 
Un hombre de mediana edad - 47 años- rompe la insonoridad golpeando la madera de la puerta. 
Hombre: ¡Sal de ahí hija de puta! 
No obtiene respuesta y el cabreo se refleja aún más en esa vena de la frente que tiene pinta de estallar.
Lleva puesta una camisa -arrugada y desabotonada- inundada de rojo y unos pantalones hechos jirones. 
El odio fluye por sus pupilas y lleno de impaciencia comienza a luchar con la puerta. El sudor cae por su asquerosa calva y con la voz ronca patalea como un niño de siete años. 
En el salón el drama brilla por sí mismo. Un cuerpo intenta seguir con vida entre asfixia y miedo. 
El joven de veinte años jadea apretándose la herida del vientre. La vida le va en ello. De sus ojos azules caen gotas de ansiedad y musita un nombre, incomprensible para nuestros oídos, repetidas veces. Quizás llame a su madre en busca de consuelo. Quizás susurre a su chica que le salve. Quizás le pida a Dios que le mate. Quién sabe. 
Le quedan pocos minutos para desmayarse y si en cuestión de horas no recibe atención médica, morirá. 
Entras en la casa y lo primero que observas es a una persona totalmente desquiciada tratando derribar una puerta. 
Miras a tu derecha en busca de ayuda y descubres tristemente a un chico agonizando que te mira lleno de pánico. Caminas hacia la cocina y por la ventana observas como una niña sentada en el umbral de la ventana gime ante el vértigo. No sabes qué hacer. No sabes cómo huir y entonces... 
El juego del mar en tus pies te produce un cosquilleo. Solo era una pesadilla. Un pedazo de recuerdos que te tatuan quién eres y que te explican porqué llevas ese pijama del hospital psiquiátrico de Portugal. 
Tras horas naufragando en una barca inchable apareces en una costa que ni tú mismo sabes a qué parte del mapa pertenece. 
Eres esa chica de huesos pequeños que se tiró asustada por la ventana. No, espera, mejor. 
Eres ese joven de veinte años que casi muere desangrándose en el parqué. 
¡Joder! Mejor aún. Eres el hijo de puta que no aceptaba la relación de su niña con aquel traficante que perdiste el rumbo aquella noche. ¡Eso es! 
Acabas de escapar del sitio que te encerraron porque no estabas mentalmente equilibrado. Ay, quién te manda a ti hacer eso. Con lo feliz que eras drogándote y bebiendo en casa hasta las tantas. Pero... ¿esto es lo que querías? 
Siguiente escena: 
El hombre calvo y gordo de ya 50 años -mentalmente trastornado- contiene la respiración notando como el peso de una roca le arrastra mar adentro. 
El océano azulado tiñe de tristeza la toma y en su rostro podemos observar una vida mal labrada. 
La siguiente escena es una pequeña captación de unos niños jugando en la orilla.
Ignorando lo sucedido.

Comenzando su frágil historia.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Por vosotros.


Supongo que la necesidad de escribir gana una vez más a la obligación de estudiar.
Ay Papá, no te enfades, prometo que sacaré buenas notas. O buenos textos.
Quién sabe.
Las personas que estáis leyendo esta entrada sois las mismas de siempre.
Puede que alguna mirada curiosa detenga por un segundo el iris ante la pantalla y observe cada palabra que digo. Quizás me lea alguien con una sonrisa de lado a lado –ojalá- y sienta este puñado de letras. No sé.
Esta es una de esas pocas veces que comienzo a escribir y ni yo misma sé lo que voy a sangrar ante el papel. Pero sin duda, va por vosotros, pequeños seguidores.  
Por ti, que siempre me apoyaste diciendo que siguiera escribiendo.
No, ¡mejor! Por ti, por recordarme lo mucho que disfrutas con las fugaces historias que narro. O mejor aún, por ti. Por sacarme una sonrisa con cada palabra de ánimo. Por darme fuerzas para decidir que este va a ser mi futuro. Que quiero ser arte.
Solo te pido una cosa a cambio de este regalo de noviembre: Siente.

... 

Es una cálida mañana en la cual la temperatura es perfecta para detenerse a observar el brillo de las nubes mas un poco fría para congelar el tiempo con una caricia entre boca y boca en un banco. Los niños corretean saboreando los pocos minutos que les quedan antes de comenzar las clases mientras los coches dibujan distintas posibilidades en las carreteras de Madrid.
Camino frágil inmersa en la multitud y olvidando que es lunes, me dejo salpicar por el arte que encuentro en cada detalle que esconde la vida.
Aquel chico que desvía la mirada en la parada de autobús, hoy le va a confesar a la madre de sus futuros hijos que está enamorado de ella. Que lleva demasiados meses conteniendo sus emociones por miedo a estropear la amistad.
Esa chica con la nariz enrojecida por el frío, ha comenzado su historia diciéndole a la del espejo que se quiere. Que ya es hora de olvidar el dolor y comenzar a sonreír.
Y fíjate qué bien le sienta haberse vestido con esos ánimos. Lo preciosa que está.
El hombre del kiosko ha decidido seguir adelante. Hace un par de años perdió a la mujer que le hacía latir y por fin, coge fuerzas y se levanta. Porque a pesar de la tristeza que nos acompaña el día a día puede ser algo especial, distinto, único.
Continúo caminando y deteniéndome ante mi imagen reflejada en un cristal, suspiro.
El tiempo que he perdido se me acumula en las ojeras. Qué pena, ¿verdad?
La vida es breve y nosotros nos empeñamos en gastar nuestras horas echando de menos, recordando, sufriendo, abrazando al dolor, llorando, ahogándonos, gritando, enfadándonos… Y todo ¿para qué?
Ay. Me duele decirlo. Pero dentro de unos años, estaremos todos bajo tierra.
Qué difícil aceptar la idea y qué poco hacemos para cambiar nuestro destino eh.
Risto Mejide dice que prometer es mentirle al destino. Y yo hoy, en este frío día de noviembre, te propongo algo.
¿Y si prometemos que vamos a aprovechar cada segundo?
¿Y si prometemos que vamos a querernos día a día?
¿Y si prometemos que vamos a conseguir cada sueño que pase por nuestra cabeza?
Y por último, y no menos importante…
¿Y si prometemos que vamos a darle sentido a todo esto?

Guardo la nota en el borrador de textos de mi móvil y sonriendo ante lo escrito, me enfrento al lunes. A la rutina. A los exámenes. Al no poder más. A no dar la talla. A no gustar. A los complejos. A las dudas... Porque yo puedo.
Voy a engañar al destino.
Es el momento de ser feliz. De llegar lejos.
De brillar. De ser el cambio. De dejar huella en el mundo.



... 

"Queda prohibido llorar sin aprender 
levantarse un día sin saber que hacer, 
tener miedo a tus recuerdos. 

Queda prohibido no sonreír a los problemas, 
no luchar por lo que quieres, 
abandonarlo todo por miedo, 
no convertir en realidad tus sueños. 

Queda prohibido no demostrar tu amor, 
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor, 
queda prohibido dejar a tus amigos, 
no intentar comprender lo que vivieron juntos, 
llamarles solo cuando los necesitas. 

Queda prohibido no ser tú ante la gente, 
fingir ante las personas que no te importan, 
hacerte el gracioso para que te recuerden, 
olvidar a toda la gente que te quiere. 

Queda prohibido no hacer las cosas por tí mismo, 
tener miedo a la vida y sus compromisos, 
no vivir cada día como si fuera el último suspiro. 

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte, 
olvidar sus ojos, su risa, todo, 
porque sus caminos han dejado de abrazarse, 
olvidar tu pasado y pagarlo con tu presente. 

Queda prohibido no intentar comprender a las personas, 
pensar que sus vidas valen más que la tuya, 
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha. 

Queda prohibido no crear tu historia, 
dejar de dar las gracias por tu vida, 
no tener un momento para la gente que te necesita, 
no comprender que lo que la vida te da también te lo quita. 

Queda prohibido no buscar tu felicidad, 
no vivir tu vida con una actitud positiva, 
no pensar en que podemos ser mejores, 
no sentir que sin ti este mundo no sería igual. "

[Pablo Neruda]

martes, 30 de octubre de 2012

Te mataba el carmín y decidiste matarme a mí.


Exhalé el suspiro más grande de la historia y continué permitiendo que me destrozaras lentamente. 
Como si la ruina que creabas en mí se tratara de la mayor droga que pudiera inyectarme; 
Como si el caos que formabas en mi interior hiciera trizas del pasado.
Llámalo amor, llámalo excesos, llámalo inestabilidad.

Te mataba el carmín y decidiste matarme a mí.
La casa permanecía en silencio y la única luz que iluminaba la oscuridad provenía de nuestra habitación. 
Con cautela, se escuchaban mis gemidos reprimidos acompañados de los latidos desacompasados de tu corazón. 
Ay. Cómo duele recordar, ¿eh?

Aún siento tus delicados dedos acariciando cada centímetro de mi pelo y la comisura de tus labios recorriendo esta piel llena de nostálgicas magulladuras. 
Susurraba mis ilusiones en el lóbulo de tu ojera; como una niña pequeña que acababa de despertar la noche del cinco de enero, como el primer beso que damos bañado en nerviosismo y ternura.
Llámalo esperanza, llámalo pequeños detalles, llámalo felicidad.

Adornaba tu cuerpo tono rojo placer y escondiéndome en el verde manzana de tu iris sentía que la vida podía ser un motivo para sonreír. 
Y así vivía. 

Naciendo entre latido y pecho. 
Muriendo entre tus sábanas. 































C'est la vie.


Soltó la taza y dejó caer su cuerpo en el colchón formado con plumas de su piel de gallina. 
Miraba con tristeza el vals de las motas de polvo que se colaban cautelosamente por la ventana.
Una golondrina trepaba ágil por el paisaje y poseída por la libertad, se hundía en el azul del silencio.
Ella, suspiró
La espuma achocolatada le recordaba a la pasión de aquellos días y sin quererlo, notó a Nostalgia rozando sus mejillas.

Ahí se quedó:

Esperando un cambio. 
Anhelando una mejora en su caótica existencia. 
Lo único que consiguió fue perder ilusión y tiempo. 
Fin. 




























[Fotografía de... http://www.flickr.com/photos/mariaerreape ] 

martes, 9 de octubre de 2012

Café y otras historias de Madrid.

La cafeína de la taza junto el ruido del bar consigue despertarme poco a poco. Solo son las ocho y cuarto de la mañana y el tráfico por las calles de Madrid es más inestable que su Gobierno. 
Dejo que mi mirada se pierda entre la multitud y con suavidad, le doy permiso al lápiz para que devore el folio en blanco. 
Un trazo, un recuerdo, una línea curva, una caricia. 
Así es como tomo mi desayuno cada día. En un dibujo, en una historia que nunca acaba. 
Su voz me sorprende a mi espalda y con nerviosismo me giro. Pocos labios han conseguido seducirme de esta manera.
-¿Me has escuchado? - sonríe de lado a lado - Te decía que si te dedicas a ello, tienes un gran talento. 
Le regalo un gesto pícaro y pidiendo que se agache le susurro: 
-¿Quieres que te dibuje? Será gratis. 
En el 99% de las situaciones, se habría ido. Enfadada, disgustada, sorprendida o avergonzada.
Pero ella con un movimiento juguetón decide sentarse en frente mía. Sorbe de mi café y dejando marca en la cerámica dice: 
-¿Tengo que posar? 
Otra sonrisa. 
-Antes tendrás que firmar un contrato. O aceptar una entrevista. Tú decides. 
Pierde sus ojos color miel en las aceras de Atocha y pensativa musita:
-Entrevista. 
Ni me mira. Ni sonríe. Un gesto de indiferencia se apodera de su rostro. Me gusta. 
-¿Nombre? 
-¿Necesitas saberlo? Solo es una etiqueta, nada más. 
Posa su mirada en mí fijamente y desafiante añade:
-¿Tengo razón o no? 
Suelto una carcajada. 
-De acuerdo, chica sin nombre. Supongo que la edad tampoco querrás decírmela. 
-¿Cuántos me echas? 
-¿Dónde? 
Esta vez soy yo el que juega como un adolescente. Ni sonríe ni separa su mirada de mis ojos. 
-Tengo 27, idiota. 
Suelto otra carcajada y descubro como contiene la risa tras sus mejillas sonrojadas. 
-27, interesante. ¿Trabajas? 
-Y si... Nos dejamos de normalidades y me dibujas. O mejor, preséntate mientras lo haces. 
Su tono de voz. La separación de sus labios. La mirada nostálgica hacia las calles de la capital... Todo se reduce a tácticas femeninas. Me dejo llevar. 
Busco una hoja del cuaderno y comienzo. 
-No tengo nombre. Es solo una etiqueta. 
Una línea curva. Escucho su risa por primera vez. Se me eriza la piel.
-Tengo 31 años y a diferencia de la señorita, trabajo. 
Dibujo la tristeza de sus ojos, la picardía de sus labios. 
-No soy dibujante. Ya me gustaría a mí. Esto es España y aquí se triunfa en el arte si tienes suerte o si la chupas bien. Yo no tengo talento para ninguna de las dos cosas. 
Comienzo con sus pechos. Un suspiro. La suavidad de su pelo. 
-Me dedico a dar clases de medicina en la Complutense. Disfruto mi trabajo, pero... 
Creo un clima de intriga en el bar. 
-...¿Qué hace una señorita como tú en un sitio como este?
Descubro un pequeño gesto de sorpresa en su rostro y vergonzosa, recoge su bolso levantándose.
-Llego tarde, doctor. -Susurra felina.
La miro confuso y descubriendo que era la chica que llevaba viendo semanas tras aquella parada, comprendo su reacción. 
Mañana la volveré a ver. 
-Toma tu dibujo, bonita. 
Lo coge y al descubrir que la he pintado desnuda, exhala una sonrisa mostrando su perfecta dentadura. La comisura de sus labios fina, seductora. Se agacha paseando sus finos dedos por mi espalda y cerrando los ojos, me da un beso que me roba el aliento. 
Me quedo hipnotizado con su figura viendo como se marcha.
Entonces solo queda silencio y un pedacito de ilusión que no sé dónde esconder.

(...) 

Vuelven a ser las ocho y cuarto de la mañana. Madrid sigue sin descansar.
'La ciudad del insomnio' escribo en mi cuaderno. 

Ansioso paseo la mirada de un lado a otro. Pero nada, no está. 
Me termino el café y descubro sus delgadas piernas aproximándose al bar. 
Entra y sin decir una palabra, posa una nota en la mesa. 
Se va, se marcha. 
Callado leo cada palabra escrita con tinta negra en el papel. 
Suspiro. 
Tiene que ser mía, necesito descubrir como se llama. 
Aunque eso sea etiquetar a la chica que me salva de la rutina.

lunes, 8 de octubre de 2012

Hablando de zombies...

Lo único que se escucha en la oscuridad son los latidos acelerados de Nora. Su mirada triste vigila la calle tras la persiana.
Y con pánico a lo que pueda pasar, termina los últimos gramos antes del regreso de Joan. 

Con las pupilas dilatadas y un temblor desacompasado, persigue los ruidos que nacen en cada mueble, en cada crujido, en cada gota de lluvia que se desliza por la ventana. 
Su chico lleva tres horas fuera. 
‘Tres horas’ solloza Nora ‘Vuelve, por favor…’
A pesar de lo asustada que está, deja que el efecto de la droga ocupe su cuerpo. Y con un leve suspiro, se deja caer apaciblemente. 
Como si no pasara nada.
Como si en los últimos cinco meses no hubiera cambiado aquello que conocen.
Como si los seres humanos continuaran siendo simples personas.


Los gemidos de las calles se han vuelto monótonos, escalofriantes, rutinarios.
Aún así, el silencio es tan grande que ensordece. 
Joan camina a pocos metros de su casa con sigilo, lleva el Kalashnikov cargado y la astucia recorre su piel. 
Trata de no ser descubierto ya que, cualquier fallo suyo pondrá en peligro su existencia. 
No puede permitirse ningún error; no con la vida de Nora en juego.
Nada más entrar en su pequeño refugio sube corriendo a los brazos de su chica. 
Entonces la ve. Pequeña, dormida, frágil. 
Se recuesta a su lado y sin separar el arma a más de 30 centímetros de su cuerpo, cierra los ojos. 
La preocupación le mantiene despierto. El miedo no descansa, no se marcha. 
Lleva dos semanas sin dormir. 
Todo está en silencio.
“Solo cinco minutos” piensa inocente. Duerme. 

Los golpes, los gemidos, la necesidad de alimentarse… rompe la calma. 
Nora, despertándose por culpa de las pesadillas, descubre que no están solos; que no solo se sufre con los ojos cerrados.
Un escalofrío recorre su piel erizándola. 
En silencio –o intentándolo- avisa a su novio de lo que sucede. 
Joan, lleno de culpa y recogido por la desorientación, coge el arma. Debe proteger a la única persona que le queda. Cueste lo que cueste. Sin separar el ojo de la mira telescópica, siente como su vida se esfuma. Como todos sus esfuerzos se evaporan. 
Nora le abraza temblorosa. 
Se aproximan los pasos…
…Lentos… Sigilosos… Fúnebres…

-Cielo, vas a llamar la atención con la pistola… -Musita a sus espaldas. 
Él se levanta y coge un cuchillo de 15cm. Se coloca en la puerta y con un nudo en la garganta, espera el momento de actuar. 
Nora sujeta el Kalashnikov entre sus dedos de pianista. 
Finos, alargados, débiles. 
-Como sus ojeras-
Empieza a llorar; nunca habían ocupado su casa. Su pequeño refugio. 
Una lluvia de recuerdos interrumpe el momento. 
Ahí estaba ella, paseando por la playa junto su novio. Escapando de las reglas, de todas las limitaciones. Todo era tan perfecto.
Tan mágico.
Tan bonito.
…Que dolía. Como cualquier recuerdo en el que eres feliz. 
Joan sujeta por el cuello uno de los seres y le arranca la vida silenciosamente.
Nora deja escapar un gemido. 
Y entonces, lo ve.

Su chico tiene tras él decenas de seres. 
Empieza a gritar y Joan, ante la escena, coge el arma y dispara sin soltar el gatillo. 
Intenta salir de la habitación pero cada vez hay más. No hay escapatoria. 
-Cariño, ¡toma! –Grita Joan a Nora -¡Dispara a la cabeza! ¡Defiéndete!
Ella, sin reacción, sujeta el Kalashnikov y observa como su chico se avalancha sobre los zombies.
“Todo trabajo tiene un sacrificio”
Joan es el sacrificio. Se va; le pierde.
Nora, llena de miedo, de amor, de impotencia, comienza a disparar.
Cuando ve que han cogido a su único motivo de seguir adelante, pierde todas las fuerzas. La esperanza. El norte. Incluso la brújula.
Tira la pistola al suelo y sin cerrar los ojos –atónita- inhala los gramos de cocaína escondidos en la cajonera.
Se acercan a ella…
Ve a Joan o lo que queda de él. 
Comienza a cerrar los ojos.
Siente el cansancio, el temblor.
…La agarran…
No se resiste.
Y como si se tratara de un mal sueño, cierra los ojos con más fuerza.
…Es hora de descansar…



[Fotografía de... http://www.flickr.com/photos/mariaerreape ]

martes, 2 de octubre de 2012

Me echo de menos.

Después de tanta ruina, tanto caos, tanta nostalgia... Soy incapaz de encontrarme. 
Me he perdido
¿Vienes a buscarme o sigo tachando días del calendario? 


domingo, 16 de septiembre de 2012

Como si fuéramos estrellas fugaces.

Me limitaba a perderme en el iris de tu mirada y, con una sonrisa pícara, te pedía suavemente que aceleraras un poco más. Solo un poco
La comisura de mis labios exhalaba nicotina y mentiras jamás contadas. 
Nunca debiste enamorarte de mí
Nunca debiste regalar ilusiones jugueteando entre mis piernas. 
Soy incapaz de asegurar qué hora nos atrapaba de la madrugada. 
Pero, como en todas las historias, los pequeños e importantes detalles no están marcados en un reloj, en un calendario. Por lo que... ¿Qué importa el instante?
Ahí estaba yo y mis pupilas dilatadas. 
Llámalo excesos, llámalo inestabilidad, llámalo verano. 
Sonreía con cada gesto tuyo y, como si se tratara de un juego, te regalaba mi mirada más felina. 
Un guiño. Un suspiro. Unos gramos más. Un poco menos de realidad.
La siguiente escena que recuerdo es una habitación, un colchón y nuestra ropa cubriendo el suelo. 
Amanecí con tus manos acariciando mis costillas. Y yo -cobarde- huyendo de los sentimientos, de enamorarme, de querer sufrir a tu lado...te dejé aquella nota que debiste leer con un cigarro en la boca.
Imagino cada detalle.
Seguramente exhalaras un suspiro e intentando trazar un gesto de alegría, las ganas de más se apoderarían de tu mirada echándome de menos. 
Lo que tú no pensabas es que volvería a recostar mis sueños en tu almohada.
Lo que yo no sabía es que aquella servilleta -marcada con mi beso- la dejarías tú en mis sábanas.
A pesar de creer que teníamos una historia común. Y eso que tú me susurrabas un 'te quiero' en cada gemido...

Esto es lo que sucede en los cuentos que nos atrevemos a dibujar. Y supongo que... Siempre nos quedará la magia, los recuerdos y el saber que fuimos estrellas fugaces bailando en el cielo contaminado de Madrid































[Fotografía de... http://www.flickr.com/photos/mariaerreape